Episode Transcript
Available transcripts are automatically generated. Complete accuracy is not guaranteed.
Speaker 1 (00:03):
Antes de empezar una advertencia, este episodio contiene escenas fuertes
y lenguaje explícito. Esto es Raúl Bulante, soy Daniel Alarcón.
Andrés Celis y Cristian Ayala, ambos colombianos, se hicieron amigos
más o menos en 2010, cuando estaban en la universidad. Tiempo después,
en la mitad de sus 20 años, decidieron irse a vivir juntos,
primero con otro amigo y luego solo los dos en
(00:24):
un apartamento en Bogotá. Este es Andrés. Era un espacio
muy
Speaker 2 (00:27):
ameno, la verdad. Había una tornamesa, teníamos un sofá negro
en el grande, una mesa de centro también bonita. Habían
muchos
Speaker 1 (00:38):
libros. Además del espacio, les gustaba la ubicación. Cristian, que
estaba haciendo una maestría en literatura, podía ir en bicicleta
a la universidad. Y Andrés también estaba muy cerca de
su oficina. Había estudiado ciencia política, enfocándose en el tema
del conflicto armado en Colombia. Y ahora trabajaba en la
Comisión de la Verdad, una entidad que se creó en 2017
como parte de los acuerdos de paz con las FARC.
(00:59):
firmados un año antes. Christian recuerda muy bien esa época.
Speaker 3 (01:03):
Esa fue una gran etapa de convivencia. Incluso al margen
de lo que ocurrió, yo igual también guardo muy buenos
recuerdos de esa casa.
Speaker 1 (01:11):
Y eso que él dice que ocurrió empezó en la
mañana de un sábado de febrero de 2022. Llevaban seis meses allí.
Ese día Christian se levantó pasadas las 7 de la mañana
a estudiar. Caminó hasta la sala, todavía algo dormido, y
la encontró muy desordenada. Lo primero que notó fueron varios
libros suyos tirados en el piso. Le pareció raro. Andrés
(01:32):
y él habían salido a comer la noche anterior, habían
regresado juntos a la casa y se fueron a dormir
al mismo tiempo. Recordaba que todo había quedado ordenado.
Speaker 3 (01:40):
Yo lo primero que pensé es que yo me había
acostado a dormir y tal vez Andrés había entrado como
con otras personas. Y pues no sé, habían estado ahí
como tomando.
Speaker 1 (01:50):
Pero igual todo parecía demasiado raro. La sala nunca había
quedado así después de una reunión.
Speaker 3 (01:56):
Recuerdo, por ejemplo, que había una lata de atún tirada
en el piso y yo como, uy, pero, pues,¿ a
qué nivel de fiesta llegó esta gente o qué está
tirando latas de atún por el piso?
Speaker 1 (02:06):
Regresó a su cuarto, un poco inquieto, le escribió por
chat a Andrés que estaba durmiendo en la otra habitación.
Como no le respondía, empezó a hablarle desde afuera. Este
es Andrés.
Speaker 2 (02:16):
Pues yo empiezo a ser consciente, no porque haya abierto
los ojos así, sino porque Cristian empezó a decir como, oiga,
usted hizo fiesta. Entonces yo me acuerdo que yo le
respondí que era sábado, que dejara dormir. Entonces él me
respondió como, no, de verdad, vea cómo está la sala
Speaker 3 (02:33):
Y ahí me empezó a generar sospecha porque ya vi
que el desorden no era normal. Entonces ya como que
caía en cuenta y dije, salga porque nos robaron, se
nos metieron a la casa. Y
Speaker 2 (02:44):
pues claro, cuando yo abro la puerta y voy a
la sala, pues habían unas ciruelas que yo solía tener
ahí
Speaker 1 (02:52):
en el frutero, estaban espichadas por el piso. Sin moverse,
empezaron a mirar detalladamente todo. La puerta estaba cerrada, pero
una de las ventanas de la sala estaba abierta. Parecía
que alguien se había trepado por la fachada y había
entrado mientras dormían. Estaban en un segundo piso, no era
tan alto. La sola idea de un desconocido esculcando entre
sus cosas los estremeció. En ese instante, esa casa que
(03:15):
habían sentido tan suya se volvió un lugar ajeno, como ultrajado.
Más
Speaker 2 (03:20):
allá de que hay una vulneración a tu intimidad, tú
no te das cuenta que te vulneraron hasta que Eres
consciente y pues lo que para mí todavía sigue siendo
incomprensible que no hayamos escuchado absolutamente nada.
Speaker 1 (03:37):
Alcanzaron a pensar que tal vez los habían drogado, pero
no se sentían mareados, ni siquiera somnolientos. Quien sea que
haya entrado lo hizo en silencio. Empezaron a buscar si
les faltaba algo de valor. Christian enseguida notó que su
computador y sus audífonos no estaban en ningún lado. Andrés
volteó a mirar de inmediato la maleta que había dejado
en el sofá la noche anterior. Ahí tenía dos grabadoras
(04:02):
del trabajo con las que hacía entrevistas a máximos responsables
de violaciones de derechos humanos. Esos audios iban a ayudar
a construir el informe final de la Comisión de la Verdad.
Y pues me doy cuenta que está la maleta, pero
la maleta
Speaker 2 (04:16):
estaba revolcada. Entonces lo primero que hago es mirar si
estaban las grabadoras y
Speaker 1 (04:20):
yo digo,
Speaker 2 (04:21):
o sea, mi reacción fue puta. Yo dije, pues obviamente
no es
Speaker 1 (04:26):
un hurto común. Y es que durante las últimas semanas
Andrés había estado entrevistando a uno de estos personajes, que
aunque no era el primero con el que hablaba, sí
era uno de los más importantes y más complejos. Es
Speaker 2 (04:38):
un señor de la guerra. Es un personaje que tiene
más de 40 años de conflicto armado encima y pues la
importancia radicaba... pues de tener un repertorio en la guerra
muy amplio.
Speaker 1 (04:52):
Buscó rápido el cuaderno donde había tomado apuntes de las entrevistas,
pero todas sus notas estaban cubiertas por manchas de tinta.
Speaker 2 (04:59):
No tinta de que lo hubieran tachado, sino tinta como
si se hubieran untado las manos y lo hubieran pasado
por todas las hojas, como si quisieran borrar la información.
No se podía leer. Volteó a mirar donde yo tenía
normalmente mis papeles, pues obviamente no estaba mi celular del trabajo.
Speaker 1 (05:15):
Todo lo que había hecho en las últimas semanas había
desaparecido en una noche. Además, se habían llevado unos documentos
suyos y su celular del trabajo. Pero no era tanto
el tiempo perdido lo que le preocupaba, sino la información
que se habían llevado.
Speaker 2 (05:29):
La información que tenían las grabadoras era sobre quienes estaban
detrás del desarrollo del conflicto armado en Colombia, sobre todo
los terceros civiles, entre los cuales se pueden identificar exintegrantes civiles.
del Departamento Administrativo de Seguridad, generales del ejército, activos o
(05:49):
retirados y políticos y empresarios.
Speaker 1 (05:53):
Eran audios en los que mucha gente poderosa se veía comprometida.
Y entonces sintió que por esa ventana abierta no solo
había entrado un ladrón, también se había colado un miedo nuevo,
una zozobra desconocida para él que lo acompaña hasta hoy.
Andrés Celis nos cuenta su historia.
Speaker 2 (06:12):
Voy a empezar explicando quién es el personaje al que
venía entrevistando incluso un día antes del robo. Se llama
Adero Antonio Búzuc, alias Otoniel. Es uno de los capos
del narcotráfico más buscados en la historia de Latinoamérica. Tal
vez el segundo, después del Chapo Guzmán, jefe del cartel
de Sinaloa. Su historia criminal es larga. Se metió en
(06:33):
la guerra en los años 80 como miliciano de las FARC.
Luego se pasó a otro grupo guerrillero y después, en
un giro de 180 grados, terminó con los paramilitares. Aunque a
mediados de los 2000 él y sus hombres se desmovilizaron a
través de un acuerdo de paz, al poco tiempo se
volvieron a meter al narcotráfico. En 2009 salieron a la luz
las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, o Clan del Golfo, como
(06:54):
empezaron a llamarlo las autoridades. Otoniel se convirtió en uno
de sus comandantes. A sangre y fuego se dedicaron a
recuperar los territorios que antes eran suyos. Empezaron a cometer masacres,
desplazar comunidades y extorsionar. Después de la firma de paz
con las FARC en 2016, el Clan del Golfo se dedicó
a ocupar las zonas que antes dominaba la guerrilla. Su
(07:15):
poder aumentó tanto que pronto se convirtió en la organización
con más hombres en armas, mayor expansión territorial del país
y la que más cocaína exporta a Centroamérica y Europa.
Así que Otoniel era lo que los militares llaman un
objetivo de alto valor. En octubre de 2021, después de perseguirlo
por años y ofrecer recompensas de más de 5 millones de dólares,
Speaker 4 (07:37):
Mucha atención que altas fuentes militares y policiales confirman la
captura de Darío Antonio Úsuga, alias Otoniel, máximo cabecilla del
Clan del Golfo.
Speaker 2 (07:45):
Después se supo, por su propio testimonio, que no había
sido una captura, sino que se había entregado a las autoridades.
Cuando a la Comisión de la Verdad nos enteramos de
que lo tenían detenido, le solicitamos inmediatamente a la Policía
Nacional y a sus abogados que nos dejaran entrevistarlo. Otoniel
llevaba cuatro décadas metido en la guerra. Conocía, tal vez
como nadie más, la evolución del conflicto. cómo se ha
(08:07):
transformado el negocio, quiénes han manejado los hilos y las
alianzas que se han hecho entre los criminales y el Estado.
Por eso era muy importante tener su testimonio. Vale la
pena aclarar que ninguna de las entrevistas que recogíamos tenía
implicaciones judiciales. Su fin era ayudarnos a construir el informe
final de la comisión, un documento en el que a
partir de testimonios, investigaciones y análisis se buscaría esclarecer lo
(08:28):
que ocurrió en más de cinco décadas del conflicto armado.
De esa forma se le reconocería el derecho a la
verdad a las víctimas. Nos dejaron hablar con él a
los dos meses de estar detenido. Fuimos mi jefe, que
era uno de los 11 comisionados, y yo. Esa primera vez
que lo vimos, hablaba pausado y con frases cortas. Estaba
en una celda fría, pequeña, que no tenía más que
(08:50):
una cama personal, un baño sin puerta y un escritorio
donde recibía a sus abogados. También había siete cámaras que
lo vigilaban las 24 horas del día, y por fuera de
la celda habían varios militares y policías, dos tanquetas y
tres anillos de seguridad desplegados por toda Bogotá. Decidimos hacer
más de una sesión, las que fueran necesarias para abarcar
todos los años que Otoniel estuvo en la guerra. A
(09:12):
medida que fuimos avanzando en las entrevistas, me di cuenta
de que aunque yo llevaba una década hablando con este
tipo de personas, esta vez lo sentía diferente. Y no
tanto por Otoniel, sino por las autoridades encargadas de custodiarlo,
que nos fueron poniendo obstáculos. A veces no nos dejaban
entrar porque supuestamente no estábamos en las bases de datos
para el registro o no nos permitían entrar lapiceros para
(09:34):
tomar apuntes. Incluso llegaron a suspender abruptamente una entrevista porque
supuestamente el clan del Golfo lo quería rescatar, pero eso
nunca se comprobó. Por supuesto lo estaban cuidando muy bien,
pero no precisamente para evitar que se escapara y continuara delinquiendo.
No puedo revelar los detalles de lo que hablamos con él,
esas entrevistas de la comisión no son públicas. Pero sí
(09:55):
puedo decir que a medida que Otonino fue contando sobre
las alianzas criminales entre políticos, empresarios, agentes de Estado y
hasta universidades con el clan del Golfo, entendimos que había
muchos poderosos intentando contener esas verdades que él podía contar.
Toda esa información estaba en las grabadoras que se robaron
de mi casa esa madrugada del 19 de febrero de 2022. Volvamos
(10:17):
a ese día. Me acuerdo que después de salir del shock,
llamé a la policía del barrio. Yo intenté comunicarme varias
veces con mi jefe, pero no me respondió. Decidí entonces
llamar a Carlos Martín Beristain, otro de los comisionados. Carlos
ha trabajado durante varios años como investigador de violaciones de
derechos humanos en varias partes del mundo. Nos habíamos hecho
buenos amigos durante el trabajo y él sabía perfectamente lo
(10:38):
que había en esas grabadoras. Me dijo que iría inmediatamente
a mi apartamento. Carlos aún tiene claro lo que vio
al entrar.
Speaker 5 (10:46):
Lo que encontré, pues es un... una casa que ha
sido allanada por alguien, que hay cosas medio tiradas por
todos los sitios, sucia, puertas abiertas. En ese momento no
sabíamos qué había pasado y no teníamos tampoco la dimensión
de la historia.
Speaker 2 (11:03):
No sabíamos quién había entrado, ni mucho menos qué pretendían.
A los pocos minutos de que Carlos estuviera ahí, también
llegaron dos policías de no más de 40 años cada uno.
Me preguntaron solo dos cosas, qué había hecho la noche
anterior y qué se habían robado. Me limité a decir
que se habían llevado dos grabadoras de mi trabajo, sin
especificar el tipo de trabajo ni los audios que había ahí.
Speaker 5 (11:25):
Y entonces ya tenían como una teoría del caso. Miraron aquí,
había una lata de atún abierta, había manchas sucias como
de huellas por diferentes lugares. Enseguida los policías empezaron a
atribuir las cosas a un habitante de la calle.
Speaker 2 (11:42):
un habitante de calle que, según ellos, había trepado dos
pisos de un edificio en la madrugada, había abierto una
ventana y se había metido a un apartamento para robar comida.
La hipótesis era que al ver dos grabadoras, un celular
y un computador, se los llevó para intentar venderlos en
el mercado negro. A mí esa idea me parecía muy
poco probable, así que les pedí que llamaran a la
(12:02):
fiscalía para que registraran cómo había quedado la casa. Vi
que el policía hizo dos llamadas y luego me dijo
que se iban a demorar en llegar y que mejor
dejar así. pero yo no quería dejarlo así. Estaba dispuesto
a esperar lo que fuera necesario. Le pedí que anotaran
su registro que ellos habían planteado la hipótesis del habitante
de calle. Los de la fiscalía llegaron en menos de
(12:23):
una hora. Eran tres agentes, una fotógrafa, una investigadora y
un perito que iba a hacer el levantamiento de huellas.
Mientras nos saludábamos, cada uno empezó a cumplir su rol.
La fotógrafa tomó planos generales de la sala y la fachada.
El perito se puso su traje blanco, sacó las plumillas
de su maleta y empezó la inspección. Al tiempo, la
investigadora me interrogó sobre lo que había hecho la noche anterior.
(12:46):
Me preguntó sobre la casa, los vecinos, si había o
no escuchado ruidos y terminó pidiéndome que hiciera un listado
de los equipos robados y el valor estimado. Con ella
fui más directo y le dije que las gradoras tenían
entrevistas que había hecho como parte de mi trabajo en
la Comisión de la Verdad, sin mencionar a Otoniel. Esa
era una información delicada que por el momento no queríamos compartir.
Recuerdo que la investigadora dijo que no sabía qué era
(13:08):
la comisión, que nunca la había escuchado. Solo insistió en
lo del listado de las cosas que se llevaron. Carlos
ha participado en otras investigaciones de violaciones de derechos humanos.
No era la primera vez que estaba en una situación
como esa y estaba asombrado con el poco profesionalismo con
el que registraba en la casa.
Speaker 5 (13:26):
No había una mínima inspección. Bueno, perdón, vamos a hacer
fotografías de todo, vamos a hacer recogida de todos los
elementos de prueba que vemos aquí, vamos a marcarlos, vamos
a poner un centímetro, una cosa que se hace con
una escena. Eso no se hizo allá. Lo que vi
son los investigadores que llegaron y de hecho empezaron a
recoger algunas huellas, pero que están muy poco atentos a
lo que hay que
Speaker 2 (13:44):
hacer
En menos de media hora se apegaron a la hipótesis
inicial del habitante de calle. La clave para ellos era
la comida regada por el piso. De nuevo, le pedí
a la investigadora que dejara registrado que no estaba de
acuerdo con esa versión, que yo no creía que se
tratara de un robo común, que estaba seguro de que
esto tenía que ver con mi trabajo. No fue sino
hasta que Carlos logró comunicarse con el presidente de la comisión,
(14:07):
el padre Francisco de Rux, y éste, a su vez,
con la vicefiscal general de la república, que las autoridades
se tomaron en serio la situación. Gracias a eso, en
pocos minutos, La casa, la cuadra y el barrio se
llenaron de investigadores, directores de varias dependencias de la fiscalía
y un fiscal que había sido asignado directamente para el caso.
(14:27):
Ahí la dinámica cambió. Me hicieron un nuevo interrogatorio y
esta vez sí me preguntaron por mi trabajo, por las
entrevistas que habíamos hecho en las últimas semanas. Tomaron fotos
de las casas vecinas y pidieron, por fin, las cámaras
de seguridad. El perito, esta vez en compañía de su jefe,
fue tomando huellas de donde no las había tomado antes.
En ese momento yo no pensaba en otra cosa que
(14:49):
no fueran las grabadoras. Ni siquiera podía hablar con Cristian.
Él observaba en silencio el flujo de gente dentro de
Speaker 3 (14:55):
la casa. Eso era como si estuvieran grabando CSI Miami.
Era ahí los investigadores sacando huellas con sus guantes, como
si hubiera habido además alguien, un muerto o algo así.
Eso igual me causaba más bien como curiosidad. Así se
opera en una escena del crimen.
Speaker 2 (15:17):
Ya no recuerdo con certeza el número de personas que
entraron y salieron de la casa, pero seguro fueron más de 20.
Lo que más me sorprendió fue que, aun cuando les
decía que habían esas grabadoras y que se habían llevado
otros documentos relacionados con mi trabajo, todas esas personas volvían
a lo del habitante de calle. Con la casa llena
de gente y con esa historia casi oficializada, recuerdo bien
(15:38):
que uno de los agentes me dijo, Doctor Andrés, no
se preocupe que en menos de 24 horas le tenemos sus
equipos de regreso. Eso está en el mercado negro. Ya
habían pasado 10 horas desde que nos habíamos dado cuenta del robo.
Estábamos agotados. Por último, me pidieron acceso a mis líneas
de celular. Según me explicaron, no sería permanente. Solo revisarían
(15:59):
cómo me había movido el día anterior y las llamadas
que entraron y salieron en ese lapso. Acepté. Al final
del día, los medios ya se habían enterado de lo
que había pasado y querían saber más. La comisión decidió
enviar un comunicado de prensa y mi jefe, que apareció
en la noche, fue el que habló con los medios.
Preferí no contarle nada a mi familia en ese momento,
no quería preocuparlos. Estaba esperando tener un momento de serenidad
(16:22):
para poder hablar con ellos, pero se me adelantaron las noticias.
Speaker 6 (16:26):
Más preguntas que respuestas deja hasta el momento el robo
de los equipos de la Comisión de la Verdad con
el relato que hizo alias Otoniel ante este organismo sobre
su participación en el conflicto armado en el país. El
hurto ocurrió en la madrugada del sábado en la vivienda...
Speaker 2 (16:41):
Yo hablé con mis padres para esta historia y me
contaron que aunque en el noticiero no mencionaron mi nombre,
sí sabían que Alejandro Valencia Villa era mi jefe y
no les fue difícil deducir que el investigador del que
hablaban era yo.
Speaker 7 (16:53):
Uy,¿ cómo así? ¿Cómo? Esa niña no puede ser. Todo
eso fue, pues, muy preocupante. Uno piensa muchísimas cosas,
Speaker 8 (17:01):
muchísimas cosas.¿ Qué te van a hacer?¿ Quién te va
a cuidar?¿ Cómo te vas a salvaguardar de todo eso?¿
Dónde vas a estar?
Speaker 7 (17:12):
Y entonces viene el impacto de la inseguridad tuya.
Speaker 2 (17:17):
Finalmente los llamé y les expliqué lo delicada que era
la información que se habían llevado y lo angustiado que estaba.
Mi papá sabía perfectamente en qué consistía mi trabajo.
Speaker 7 (17:28):
Yo siempre miré con mucho respeto y con admiración tu trabajo, porque...
Sabía lo importante que era. Lo que pasa es que
eso sí jamás me imaginé que la entrevista con el
señor Otoniel fuera a generarte a ti personalmente ninguna situación
que fuera contra tú, porque finalmente tú estabas haciendo un
(17:50):
trabajo profesional.
Speaker 2 (17:52):
Pero mi mamá, que también tenía claro lo que hacía,
nunca estuvo de acuerdo con mi trabajo.
Speaker 8 (17:56):
Siempre estuve preocupada. Yo decía a Eduardo Andrés,¿ por qué
no se sale de eso?¿ Por qué no se sale
de eso?¿ Por qué le gusta eso? Me parecía un martirio,
un sacrificio grande pensar que después de cualquier salida de esas,
de cualquier entrevista, te iba a pasar algo. No, nunca
me gustó tu trabajo y tú lo sabes, que yo
(18:17):
nunca estuve de acuerdo
Speaker 2 (18:19):
Por eso, ese día traté de no darle tantos detalles.
De alguna manera, ese evento le dio la razón a
mi mamá. El riesgo que implica buscar la verdad del
conflicto armado es muy alto. Yo nunca lo había sentido,
y mucho menos tan cerca.
Speaker 1 (18:34):
Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante
y Andrés Celis nos sigue contando.
Speaker 2 (18:51):
Después del robo yo seguí trabajando. Había que terminar las
entrevistas con Otoniel, así que volvimos mi jefe y yo
a su celda. Cuando le contamos lo que había pasado,
se quedó en silencio un momento. Siempre pensaba las cosas
antes de responder. Me dijo que lo había escuchado en
la radio. Me preguntó si estaba bien y qué más
se habían llevado. Le respondí. Luego sonrió y nos recordó
(19:11):
que ya alguna vez nos había advertido que su celda
estaba intervenida y que las grabadoras iban a tener interferencias.
Sabía que lo escuchaban, que nos escuchaban. Ahora yo tenía
claro que a mí también me iban a someter a
esa vigilancia extrema. Esto ya no era solo laboral, sino
que me había tocado personalmente. Ni siquiera en mi casa
podía olvidar la situación. Los investigadores de la fiscalía se
(19:33):
la pasaban tomando testimonios en mi edificio y en el barrio,
encubiertos por si algo ocurría. Además de la presión de
que las cosas podían empeorar en cualquier momento, en redes
sociales la gente empezó a criticar que un investigador de
la comisión tuviera ese tipo de grabaciones en su casa.
Tatiana Navarrete, que trabajaba conmigo en el mismo equipo, también
recuerda eso.
Speaker 9 (19:52):
Es como... como que... que desgastante, digamos, que... Y claro,
puede tener razón en muchas cosas, pero como...¿ por qué
tener que caerle como al eslabón más débil de la cadena, no?
Speaker 2 (20:05):
Tatiana recuerda que, aunque en la comisión reunieron al resto
de nuestro equipo para explicarle la situación, ella sintió todo
menos tranquilidad.
Speaker 9 (20:13):
Yo recuerdo eso, como sentir mucha impotencia porque, pues, por
un lado... pues listo, pasó esto, limón, salió lo que
podía pasar. Pero no había tampoco, pues que yo recuerdo,
un protocolo tan claro frente al tema, que teníamos que
hacer como una grabación.
Speaker 2 (20:31):
Nadie sabía qué hacer. Algunos compañeros que también habían reportado
problemas de seguridad empezaron a manifestar que tenían miedo. A
esta altura, era evidente que esto había sobrepasado los protocolos
de seguridad que tenía la comisión. A los días del robo,
el padre Francisco de Rux, el presidente de la comisión,
tomó una primera medida de emergencia. Contactó a su orden religiosa,
(20:53):
la de los jesuitas, para que nos acogieran a Christian
y a mí por un tiempo en una casa donde vivían.
Quería protegernos por si volvían a entrar a nuestro apartamento.
Al principio, Christian se negó, pero después de insistirle mucho,
terminó aceptando. Él entendió que era por su seguridad, que
no había más opciones, pero igual todo le parecía absurdo.
Speaker 3 (21:13):
no hablo de esos temas, no tengo nada que ver,
y pues de repente, pum, pasa todo eso, se me
meten a la casa, por eso digo que es absurdo,
o sea, yo no escogí esto, yo no, o sea,
esto no tiene nada que ver conmigo, y de repente
estoy saliendo de mi casa con unas maletas a vivir
con unos sacerdotes un tiempo, o sea, fue como todo
(21:35):
muy intempestivo también.
Speaker 2 (21:38):
Antes de animarme a contar esta historia, nunca había hablado
con Christian sobre lo que sintió en ese momento, Ahora
es cuando siento la culpa por haberlo involucrado en semejante situación.
Pero yo solo me enfocaba en tomar decisiones rápidas. Estaba
rebasado y ni siquiera podía pensar en cómo me estaba
sintiendo yo. Afortunadamente, las dos semanas que estuvimos en esa
(21:58):
casa los jesuitas fueron mejor de lo que esperábamos. Era
un espacio muy silencioso, tranquilo. Nos daban comida y teníamos
buenas charlas con los religiosos.
Speaker 3 (22:07):
Fue un espacio cómodo y la verdad, Nos atendieron como
si fuéramos reyes y pues estaban como también al tanto,
como de todas las circunstancias, ellos como en constante preocupación.
También sirvió para descansar un poco, como de ese ruido
en el que nos habían metido.
Speaker 2 (22:24):
Tanto silencio y tranquilidad me hicieron ilusionar con que todo
iba a mejorar, pero ahora me doy cuenta de que
fui demasiado iluso. El calvario recién estaba empezando. Un mes
después del robo, cuando llevamos un poco más de una
semana en la casa de los jesuitas, decidí irme por
unos días a trabajar desde otra ciudad. Quería extraer un
(22:45):
poco la mente y esperar a que todo se calmara.
Christian prefirió volver al apartamento. A los pocos días de
estar en esa ciudad, nuevamente me asaltaron. Iba caminando al
atardecer y paré un momento a tomar una foto. De
pronto me abordaron tres personas por la espalda pidiéndome que
les entregara los celulares, así, en plural. Era raro que
supieran que tenía dos, el mío y el del trabajo.
(23:08):
Con mucho susto les entregué ambos y también mi billetera
con mis documentos. Esa misma noche lo denunció la policía
y no me quedó otra opción que regresar a Bogotá.
En mayo, a los tres meses del robo, en un
operativo casi que de película y que todos los medios cubrieron,
extraditaron a Otoniel a Estados Unidos por narcotráfico. Fue un
proceso exprés que el gobierno resolvió en apenas seis meses.
Speaker 10 (23:30):
Cientos de conductores y transeúntes registraron el paso de la
inusual caravana compuesta por 25 motos de policía, dos blindados, dos
tanquetas con capacidad para inhibir señal de comunicaciones. Al menos 300
uniformados apoyados por aire realizaron el desplazamiento con alias Otoniel
dentro de una de las tanquetas.
Speaker 2 (23:49):
Se fue el país sin terminar de responder por sus
crímenes relacionados con el conflicto armado y sin haber terminado
sus declaraciones ante la justicia transicional. Ahí realmente pensé que
la situación se iba a calmar y que el proceso
en la fiscalía relacionado con el robo en mi apartamento
sería más ágil. Pero más o menos a los cuatro
meses de que todo empezara, recibí una llamada de un
número desconocido. Al contestar, un hombre que tenía una voz gruesa,
(24:11):
como de alguien mayor, empezó a insultarme y a decirme
que me iban a matar. Antes de que pudiera reaccionar,
me colgó. No sentí miedo en ese momento, más bien
me dio rabia no saber quién hablaba ni haberle podido responder.
Aunque también lo denuncié, la misma llamada se repitió en
varias ocasiones. También empezaron a enviarme correos electrónicos. Cada vez
(24:33):
eran más insistentes con que me iban a matar, pero
yo intentaba ignorarlos y enfocarme en el evento más importante
de la Comisión de la Verdad, el resultado de cuatro
años de trabajo muy intenso, la presentación del informe final.
Eso fue el 28 de junio de 2022, una fecha histórica para
Colombia y para el mundo. Yo estuve ahí, en un
teatro en el centro de Bogotá.
Speaker 11 (24:54):
Buenos días, bienvenidas y bienvenidos al acto de presentación del
informe final de la Comisión de la Verdad. Hay futuro
si hay verdad.
Speaker 2 (25:05):
Había muchísima gente, el presidente electo Gustavo Petro y la
vicepresidenta Francia Márquez, grupos de víctimas, organizaciones internacionales, embajadores y
varios medios de comunicación. El padre Francisco de Rux dio
un discurso muy emotivo.
Speaker 12 (25:19):
Estamos convencidos de que hay un futuro para construir juntos.
Y fue noticia en todas partes.
Speaker 2 (25:29):
Un paso
Speaker 13 (25:29):
importante para la reconciliación de Colombia. También representa un cierre
de ese capítulo
Speaker 14 (25:35):
oscuro de su historia. Ahora que recuerdo ese momento, siento
que es paradójico.
Speaker 2 (25:53):
Y a la vez, dice mucho sobre la realidad de
la violencia en Colombia. Mientras la comisión estaba entregando su
informe final y hablando del camino a la reconciliación, yo,
uno de sus investigadores, estaba buscando alternativas para proteger mi vida.
Una de esas alternativas la ofreció la Unidad Nacional de Protección,
que hizo un estudio de riesgo y clasificó mi caso
en el nivel más alto. Me dieron un esquema de
(26:14):
seguridad que incluía una camioneta, un chaleco antibalas y dos escoltas.
Y aunque sé que no tenía otra opción, una pérdida
absoluta de la libertad. Ahora nunca estaba solo. Tenía a
dos extraños a cargo de mi vida. No me sentía
seguro en ninguna parte. Dejé ir a reuniones con mis amigos.
Algunos incluso se alejaron porque tenían miedo que los vieran conmigo.
(26:35):
También tomé otras medidas. Decidí no tener contacto directo con
mis padres, ni siquiera por teléfono. Era una manera de protegerlos,
de que no les interceptaran los teléfonos y los terminaran amenazando.
Solo me comunicaba con mi hermano, que estaba fuera del
país en ese momento. Él les daba información sobre mí
y me ayudaba a calmarlos. pero el temor de mis
padres llegaba al punto de desconfiar hasta de los escoltos.
Speaker 8 (26:57):
Cuando te colocaron los escoltos fue peor. Tener a esas
personas ahí más preocupados, más preocupados que en cualquier momento
aparecer alguien, pasar algo. El riesgo para ti era altísimo, altísimo.
Speaker 7 (27:11):
A mí desde un comienzo no me dio confianza eso.
Me generaba mucha preocupación porque se han sabido de casos
donde desafortunadamente La gente no es leal a quien están
custodiando
Speaker 2 (27:27):
Aunque ellos también podían tener acceso al mismo esquema de seguridad,
lo rechazaron. Ya habían pasado más de seis meses y
las autoridades seguían sin capturar al ladrón, tampoco a quienes
estaban haciendo las amenazas. Después del aparatoso despliegue hecho por
la fiscalía en mi casa, solamente me citaron una vez
para mostrarme los videos de las camas de seguridad. En
ellos se veía perfectamente que la persona que ingresó a
(27:49):
la casa no era un habitante de calle. Por el contrario,
era alguien muy hábil que en cuestión de segundos se
trepó por la fachada del edificio, abrió la ventana y
entró a la casa. Siempre estuvo con el rostro tapado.
Abandonó el lugar con una mochila donde seguro llevaba las
grabadoras y el resto de las cosas. Una cuadra más
adelante lo recogió un taxi, pero ni siquiera con ese
video pudieron hacer nada. Nunca recuperaron los equipos que los
(28:13):
investigadores prometieron tener de regreso en 24 horas. La negligencia institucional
era evidente y no parecía que fueran a actuar pronto.
Como último recurso, desde la comisión empezaron a gestionar con
algunas embajadas mi salida al país. No había garantías para
seguir en Colombia. Aún tengo el recuerdo vivo del hormigueo
que sentí en la cara al cruzar migración del aeropuerto
(28:33):
a finales de septiembre de 2022. Exhalo con profundidad cuando pienso
en el momento en que me senté, miré al piso,
solté la maleta y comencé a llorar. Tenía, tengo, atragantado
en el pecho la desazón de dejar atrás mi tierra.
de haberme tenido que despedir de mis padres y algunos
amigos sin saber cuándo los volvería a ver. Me había
(28:54):
tenido
Speaker 1 (28:55):
que exiliar. Después de la pausa, Andrés comienza una nueva vida.
Ya volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Los dejo
con Andrés.
Speaker 2 (29:15):
Llegué a un pueblo al norte de Europa comenzando el
otoño de 2022. Aunque aún la temperatura no bajaba menos de 10 grados,
ya empezaba a sentirse el frío que cada vez se
hizo peor. Apenas llegué me recibieron en la casa de
una ONG defensora de derechos humanos. Recuerdo que era una
construcción antigua que estaban reconstruyendo. Tenía dos pisos, muchas habitaciones
(29:35):
y una huerta grande. Antes de viajar ya había hablado
con un miembro de la organización, Eneco, y me había
contado más sobre este lugar. Me dijo que decidieron crearlo en 2019,
cuando empezaron a recibir muchas peticiones de defensores de derechos humanos,
perseguidos políticos y exiliados que necesitaban un lugar de acogida.
Este es Eneco
Speaker 15 (29:55):
Cuando decimos acogida, decimos un espacio donde la gente pueda
sentirse tranquila y no perseguida, la gente pueda curarse después
de haber sido retenida, encarcelada, torturada. pueda descansar, pueda compartir experiencias,
pueda enlazarse con otras luchas.
Speaker 2 (30:17):
Eso me hizo mucho sentido desde el principio. Los exiliados
no salimos de nuestros países porque queramos. Llegar a un
nuevo lugar huyendo puede ser muy traumático y un espacio
como esta casa ayuda a que se sienta menos duro.
A mí me acogieron muy bien. Algunos residentes del lugar
me recibieron en la sala con comida. Todo delicioso. Cada
(30:37):
uno se fue presentando, decía su nacionalidad, a qué se dedicaba,
las razones por las cuales estaba en la casa y
cuánto tiempo llevaba ahí. Recuerdo bien a Yusef y Jatín,
ambos marroquíes, y a Chepe, otro colombiano. Entendí con sus
historias que dentro del exilio y la migración forzada mundial
hay privilegiados, y yo había sido uno de ellos. Yo
(30:57):
salí en avión, no crucé el Mediterráneo nadando ni en
una barca, como si lo hicieron Yusef y Jatín. Tampoco
asesinaron a ninguno de mis familiares, ni al líder barrial
de mi comunidad, como le ocurrió a Chepe, que además
pasaba por su segundo exilio y había salido solamente con
tres mudas de ropa. Afortunadamente habían podido llegar a esta casa,
que en medio de todo era un espacio seguro. Pero
(31:20):
todos teníamos claro que era una solución temporal, al menos
hasta que nos asentáramos en este nuevo país. Para eso,
yo sabía que al peso de mi exilio se sumaría
una lucha que ya mis compañeros estaban enfrentando. una lucha
contra la burocracia del Estado y contra la revictimización. En
ECO me lo había explicado y me había ofrecido, como
a todos, acompañamiento para los tortuosos trámites administrativos
Speaker 15 (31:42):
En este acompañamiento a las personas empiezas a aprender que
realmente es una carrera de obstáculos muy potente a la
que se enfrentan estos compañeros y compañeras. Es una lucha,
una lucha constante.
Speaker 2 (31:56):
Después de comer, los compañeros me llevaron a mi habitación
en el segundo piso. Había una cama sencilla, un closet
de madera pequeño y al lado una mesita de escritorio.
En las paredes había humedad que anunciaba la edad de
la casa y el paso del tiempo sobre ella. Esa
primera noche sentí un frío muy intenso y lo fui
sintiendo cada vez peor durante varias noches más. Daban ganas
(32:18):
de no hacer nada, no lo niego. Pero la adrenalina
que me venía acompañando desde los últimos días en Colombia
me motivaba a no desconcentrarme. A los pocos días, y
gracias a una beca de la Embajada de Noruega, empecé
una maestría en el Instituto Internacional de Sociología Jurídica. Después,
me aceptaron en su residencia estudiantil y me moví a
lo que sería mi segunda casa temporal. Empecé a ir
(32:40):
a clases y en las tardes salía con mis compañeros
a algún bar cercano, y nos quedábamos hasta la medianoche, comiendo,
tomando y conversando. Por momentos, podía olvidar que estaba exiliado
y jugar al estudiante de intercambio. Trataba de creerme el
cuento para contrarrestar lo que ya mi terapeuta me había advertido.
Muy pronto mi mente iba a darse cuenta de que
no había salido de paseo y que debía buscar un
(33:01):
tratamiento psiquiátrico para suavizar el impacto. No le hice caso,
pensé que ella estaba protegida. Pero una tarde, cuando regresé
de clases a mi habitación, me entró una llamada. Contesté.¿
Sí me copias, señor Andrés? Ahí, ahora sí ya le
escucho bien. Ah, ok, listo, pues. Era el mismo tipo
(33:21):
de llamada que creí y ya no iba a volver,
la misma que me había mortificado durante meses en Colombia.
Habían logrado encontrarme en el otro lado del mundo, hasta
tenían mi nuevo número de celular, el cuarto que había
tenido en un año. Primero me sorprendió, pero después vino
el miedo. Decidí poner el altavoz y empezar a grabar.
Luis Beltrán,¿ y de dónde me llama usted?,
Speaker 16 (33:50):
del bloque principal de las AUC.
Speaker 2 (33:52):
Las Autodefensas Unidas de Colombia. Me pareció muy extraño. Ese
grupo paramilitar se desmovilizó en 2006 y ese tal bloque principal
al que se refería nunca existió. Le seguí el hilo.¿
Y qué necesitan ellos?¿ Qué quieren ellos? Señor Beltrán, ¿aló?
Speaker 16 (34:10):
Sí, qué pena es la señal. Cópiame entonces como le
estaba diciendo. Dos malparidos, hijo de puta, señor, y me
disculpa la expresión de la palabra, pero no tengo cómo
más llamarlo. Estas personas están contratándonos. Nuestra organización está siendo
financiada y contratada por estas dos personas. Estas personas nos
trajeron fotografías de ustedes, fotografías de la familia. Dirección de
(34:34):
la residencia y números telefónicos. Es por eso, señor, que
tenemos su número. Aparte, la cantidad de 15 millones en efectivo
para nosotros ejecutar una muerte por encargo, un sicariato, un
derramamiento de sangre y su contra.
Speaker 2 (34:48):
Todo era muy confuso, incluso imposible de confirmar. Según este señor,
dos personas le pagaron varios millones para matarme, pero al
parecer él quería negociarlo conmigo. O sea, una extorsión.
Speaker 16 (35:01):
Yo quería sacarle la mayor cantidad de información posible. Le
insistí al tal Luis Beltrán para que dijera más.¿ Y
quiénes son esas personas? No, es que nosotros acá tenemos
(35:27):
la fotografía, los videos, donde nosotros grabamos. Exactamente, pues no
tenemos exactamente una certeza de que yo le voy a
decir quiénes son en realidad. Usted lo conoce mejor que nosotros,
porque para eso nos trajeron su número, fotografía de usted,
dirección de la residencia.¿ Por qué, señor, tomamos la decisión
de realizar el comunicado? Porque lo investigamos, lo seguimos. Diez
(35:49):
días pisándole los talones, respirándole en la nuca y usted
ni cuenta se dio. Sabemos que usted es un hombre
de bien. Sabemos que usted es una persona que no
se mete con nadie porque donde usted fuera un mal parido,
hijo de puta señora, le créanlo, usted ya estuviera tres
metros bajo tierra.
Speaker 2 (36:04):
La llamada no duró más de tres minutos. Me colgó
el teléfono de un momento a otro. Cuando decidí investigar
el conflicto colombiano fue porque me imaginaba un país diferente
a donde crecí. En la guerra que ha atravesado Colombia
estas llamadas son rutinarias. Pasan cosas peores, por supuesto. Ahora
que lo pienso, trabajar en la Comisión de la Verdad
fue una apuesta. Algo optimista, pero una apuesta. Que podía
(36:26):
existir un país menos violento, menos cruel, menos bárbaro. A
mí no me había pasado nada físicamente. Solo recibí una
llamada de un señor pretendiendo negociar mi muerte hipotética. Pero
con eso me habían roto. Aunque tardaría en darme cuenta.
En ese instante sentí rabia. Nuevamente le conté todo a
la fiscalía y les envié la grabación y pantallazos de
(36:48):
los chats en los que también me amenazaban. Pero esta
vez pensé que al visibilizar mi caso podía estar más protegido,
así que también busqué al noticiero Noticias 1.
Speaker 17 (36:57):
Hablamos con el investigador que está en una ubicación en
el exterior que no podemos revelar. Quienes dicen haber sido
contratados para matarlo ya lo contactaron y le piden que
les dé más dinero del que ya les pagaron para matarlo.
Speaker 2 (37:11):
Les di una entrevista sin ocultar mi identidad. Les pedí
que publicaran las grabaciones. Varios medios, algunos internacionales, replicaron la noticia.
Volví a cambiar de número de celular y pensé, quizás ingenuamente,
que iba a estar bien. Mientras esperaba respuesta de la
fiscalía sobre quién estaba haciendo las llamadas, seguí estudiando. Pensé
que me ayudaría a distraerme, pero no sacaba de mi
(37:33):
cabeza las amenazas. Después de dos semanas de insomnio, acepté
por fin el consejo de mi terapeuta y tuve cita
con un psiquiatra. El diagnóstico fue estrés postraumático, depresión y ansiedad.
Empecé un tratamiento con un ansiolítico y un antidepresivo, pero
eso me hacía sentir como si mi cabeza estuviera en
el agua. No reaccionaba a estímulos. Cada día se convirtió
(37:54):
en una lucha por levantarme, por ir a clase, por comer,
hacer los trabajos y mantenerme en pie. Aunque seguía todas
las recomendaciones del médico, tomaba puntualmente las pastillas, hacía ejercicio
con más frecuencia, intentaba comer bien, caminaba por las montañas
cercanas al pueblo y me esforzaba por hacer videollamadas con
mi familia y amigos, no me sentía mejor. Cuando dije
(38:16):
hace un momento que esa llamada me había roto, es
a esto a lo que me refiero. Todos los días
me rondaba una y otra vez el bucle de la
misma pregunta sin respuesta.¿ Por qué me pasó esto a mí?¿
Por qué? Preferí alejarme de las actividades sociales. Las largas
noches de celebración se convirtieron en un tormento por el insomnio.
Llegó un punto en que pensé dejar la maestría. El
(38:37):
instituto me ofreció seguir de forma virtual y acepté. A
pesar del sacrificio que significaba para mí, sentía que dejar
de estudiar era darle la razón a los que me
habían amenazado y sacado de Colombia. Era como una derrota.
Pero la situación se volvió insostenible. Cada vez me sentía
más fuera de mí mismo. Estaba agotado, desesperado. Los pensamientos
(38:58):
rumiantes no se iban, y al contrario, cada vez eran
más hirientes, hasta el punto de repetirme una y otra
vez que la única salida era el suicidio. De esto
hablé con muy pocas personas aparte de mi psiquiatra, entre
ellas mi amiga Natalia Palacios. Por su depresión crónica sentía
que era la única que entendía lo que yo estaba pasando.
Speaker 18 (39:18):
Yo también entiendo, porque lo sé y lo he vivido,
pues que la depresión no es estar triste. Yo también
entiendo que la depresión no es llorar. Yo sé que
es sentir la ansiedad, yo sé que es que a
uno se le duerman las manos, yo sé que es
uno pensar y pensar y pensar y no poder dormir
de pensar. La gente no sabe, la gente no sabe.
Y eso que yo sentía por ti era pura y
física empatía.
Speaker 2 (39:39):
Y ella, a kilómetros de distancia, se convirtió en mi
único apoyo.
Speaker 18 (39:43):
Ni siquiera tus papás,¿ por qué tus papás? Pues, parce,
yo creo que ellos estaban ahí pendientes y todo, pero
pues tú nunca pudiste ser sincero, tú nunca podías decirle
a tu mamá, estoy a punto de matarme.
Speaker 2 (39:52):
Es cierto, no era capaz. Teníamos varias llamadas a la semana,
pero nunca tocaba este tema. Solo trataba de fingir que
todo estaba en orden. Lo que yo no sabía en
ese momento era que ellos hacían lo mismo. Intentaban motivarme,
me decían que estaban bien, pero lo cierto era que
estaban sufriendo mucho.
Speaker 8 (40:09):
La tristeza fue grandísima y la preocupación por no poderte ver.
Al comienzo pues no fue fácil hablar mientras te ubicabas
y todo. Pensábamos si verdaderamente estabas mejor o no lo estabas.
Son cosas que uno no se recupera como fácil de eso.
Speaker 2 (40:30):
Eso que estaban sintiendo mis padres se llama encilio y
se refiere a los impactos y afectaciones que sufren los
que se quedaron, los seres queridos de quienes nos hemos
tenido que exiliar. Mi padre, además de la tristeza, sentía
rabia por la comisión.
Speaker 7 (40:43):
Se me revolvía todo y entonces me vendía la furia
contra esos que te dejaron solo.
Speaker 2 (40:51):
Aunque entiendo el malestar de mi padre, también es cierto
que a cualquiera de los investigadores de la Comisión de
la Verdad le habría podido pasar. Todos estábamos expuestos a
que la guerra que documentamos también nos atravesara. Pero como
se lo dije en su momento a los comisionados y
al presidente de la comisión, a veces sentí estar peleando
sin todo el respaldo institucional, mientras ellos seguían trabajando para
presentar el informe final. Me habían pasado cuatro o cinco
(41:14):
meses desde que me había ido, y la crisis de
salud mental y los pensamientos suicidas solo se habían agudizado.
Llegué a un punto tan bajo que decidí que era
hora de contarle a mi hermano, Sebastián. Le escribí y
decidí viajar para acompañarme. Cuando lo vi, me alegré mucho.
Me sentí protegido. Lo abracé y pude llorar sabiendo que
estaba con alguien que me conocía y que sabía todo
el sufrimiento por el que había pasado. Hablé con Sebastián
(41:37):
y me dijo que para él, desde el primer momento
que me vio, fue más que evidente que yo no
estaba bien.
Speaker 19 (41:42):
No era el Andrés que yo dije hace dos años.
O sea, usted estaba presente en cuerpo, pero no estaba
tan presente en su 100% de sus capacidades, capacidad mental, ¿no?
O sea, es muy disminuido, ensimismado, creo que angustiado también,
con muchos sentimientos y muchas cosas en su cabeza y
(42:03):
eso uno lo percibe.
Speaker 2 (42:05):
Los días que estuvo conmigo fueron más apacibles. Me acompañaba
a dormir, me cuidaba y yo al final podía estar
con alguien sin fingir que estaba bien. Él siempre lucía
muy fuerte, pero ahora sé que también se sentía mal.
Speaker 19 (42:16):
Era difícil verlo en las mañanas, cuando me decía que
no había podido dormir, que había dormido una hora, cuando
no quería hacer nada en el día.
Speaker 2 (42:24):
Luego de tres semanas, mi hermano acordó con mi terapeuta
que lo mejor era por fin contarle a mis padres
lo mal que estaba.
Speaker 7 (42:31):
Nosotros sí dijimos no, eso tenía que reventarse algún día,
y se reventó.
Speaker 8 (42:38):
Fue terrible, terrible para mí. Yo dije, no, tenemos que
hacer algo porque se va a enfermar, se
Speaker 2 (42:47):
va a enfermar. Enfermo ya estaba, pero podía estar peor.
Así que muy rápido decidimos buscar a otro psiquiatra porque
era evidente que el tratamiento no me estaba sirviendo. Al principio,
las nuevas dosis de los medicamentos me sacudieron. Recuerdo que
las cuatro primeras semanas se hicieron eternas. Solo tengo la
imagen de estar en un sofá asimilando la carga del ansiolítico.
La idea era estabilizar mi psiquis, que el cuerpo se
(43:09):
tranquilizara y poder empezar a recuperar el sueño. Eso pasó
poco a poco. Dormir me fue ayudando a recuperar la
estabilidad mental, el apetito y la fuerza física para poderme
mover más allá del sofá y de la cama. A
los dos meses pude volver a hacer un poco de
actividad física. Medio hambre genuinamente recuperé las ganas de socializar,
de salir a espacios abiertos. De a poco empecé a
(43:31):
recuperarme y a conocerme en una nueva versión. Terminé mi
tratamiento psiquiátrico, pude graduarme de la maestría y apliqué una
beca doctoral. Hasta el momento no he vuelto a recibir amenazas.
Y si esto fuera una película, acabaría al comienzo de
un final feliz. Tal vez ya sabríamos de dónde vinieron
esos ataques y hasta habría justicia. Pero la realidad es
otra y la historia sigue sin terminar. En marzo de 2025,
(43:53):
poco más de tres años después del robo a mi apartamento,
la fiscalía me notificó que todas las investigaciones relacionadas con
este caso fueran archivadas a pesar de las pruebas. El
argumento es que después de revisar cámaras, huellas e interceptación
de teléfonos, no pudieron identificar al supuesto habitante de calle
que se ve en el video entrando y saliendo de
mi casa. Indigna, sí, pero no me tomó por sorpresa
(44:14):
la decisión. No sería el primer caso de impunidad en
Colombia y seguramente no va a ser el último. Ya
han pasado más de tres años fuera de Colombia y
sigo pensando en lo mismo. En mi caso, trabajar por
la verdad, insistir en que estábamos yendo hacia una paz sólida,
paradójicamente me condenó al exilio. Aún no sé cuándo podré
regresar a mi país.
Speaker 1 (44:40):
En este momento Andrés Celis sigue exiliado y sin garantías
de seguridad para volver a Colombia. Hoy se dedica a
hacer su doctorado en derechos humanos y tiene un blog
en Substack que se llama Relatos sobre el exilio. En
las notas de este episodio pueden encontrar el enlace. Otoniel
está en Estados Unidos pagando una condena de 45 años por narcotráfico.
Desde allá ha seguido dando información sobre la relación que
(45:00):
ha habido entre las fuerzas militares y los grupos ilegales.
Queremos agradecer a Candela Radio, a Sound Business Studios y
a A Film To Kill For por permitirnos grabar en
sus estudios. Andrés quiere dedicarle este episodio a quienes lo
acompañaron antes y durante su exilio, especialmente a Yolima, su terapeuta, Natalia, Conchi,
Carlos y Lorena. Andrés Celis es investigador del conflicto armado
(45:21):
colombiano y periodista. Coprodujo esta historia con David Trujillo, nuestro
productor senior. La edición fue de Miller Beta, Camila Segura
y Mía. Bruno Selsa hizo la verificación de datos y
diseño sonidos de Andrés Aspiri con música de Remy Lozano
y Andrés Celis. El resto del equipo de Ramblante incluye
a Paula Aleán, Adriana Bernal, Aneris Casasuz, Diego Corzo, Camilo Jiménez,
Santo Fimio, Germán Montoya, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Lina Rincón,
(45:44):
Sara Selva Ortiz, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas.
Carolina Guerrero es la CEO. Ramblante es un podcast de
Ramblante Studios. Se produce y se mezcla en el programa
Hindenburg Pro. Si te gustó este episodio y quieres que
sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través
de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita rambulante.org y ayúdanos
(46:05):
a seguir narrando la región. Rambulante cuenta las historias de
América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.