Episode Transcript
Available transcripts are automatically generated. Complete accuracy is not guaranteed.
Speaker 1 (00:00):
Después de la Navidad, el recalentado. Hay que hablar, fíjate,
de que hay personas que no solo recalientan la comida,
lo que quedó de la cena, los romeritos que quedaron
por ahí, a lo mejor una tortita de bacalao.¡ Qué rico! ¿No?
Hay otro tipo de recalentados que es de lo que
vamos a estar hablando porque hay quienes recalientan emociones. ¿Sí?
(00:24):
Así como te lo digo. Pareciera que la sacan del
refrigerador del pasado y entonces le quitan la tapa con cuidado,
lo meten aquello al microondas del presente, esperando que esta
vez sí sepa mejor. Y así, voy a ser medio spoiler,
nunca sabe mejor. O sea, igual y sabe distinto, pero
(00:49):
no mejor. Esos recalentados emocionales, Son esas experiencias que muchas
veces vamos repitiendo, nada más así como para acomodarnos por dentro, ¿no?
Como por logística interna. Porque nos decimos que ya lo conocemos, ¿no?
Ya sabemos dónde duele. Eso no nos lo decimos, pero
(01:10):
lo sabemos. Y la cuestión es que no nos sorprenden.
Aquello no nos emociona, pero tampoco nos exige mucho, ¿no?
Y en un mundo que nos pide muchas veces reinventarnos
todos los lunes porque hay que volver a empezar, pues
esto de que no tengamos que pensarle mucho porque ya
(01:32):
nos lo sabemos, a veces es increíble, pero nos resulta atractivo.
Y estoy hablando de vínculos, por supuesto, a veces de trabajos,
de amistades, de versiones de nosotros mismos que van regresando
así envueltitos como en EGAPAC, ¿no? Y a veces los
(01:55):
sacamos convencidos de que, pues ahora sí estamos listos, cuando
en verdad, mira, únicamente estamos ya fastidiados y estamos fastidiados
de intentar, de fallar y por eso mismo es que
le damos al recalentado emocional. Es como un atajo que
no promete felicidad, pero sí familiaridad. Y esto para muchos
(02:20):
pareciera suficiente. Porque volvemos a esa misma relación por costumbre.
Al mismo tipo de personas, pues porque así somos, ¿no? Bueno,
a veces al mismo conflicto porque al menos ya sabemos
como por dónde va la cosa. Y... Y pareciera que
(02:43):
somos fieles, pero digamos que no al amor, sino fieles
a un patrón que ya nos es muy conocido. Y
entonces caemos en esta rutina del sobrevivir más que vivir, ¿no?
Y lo irónico es que lo justificamos, estos regresos con
(03:06):
choros mareadores que nos damos así, hablando de que es
el destino, las segundas oportunidades, o nos decimos que nadie
es perfecto. Pero en el fondo, ¿sabes? Es que pareciera
que la esperanza la tienes muy cansada. Hay una flojera,
(03:26):
una pereza emocional. Ya te cansaste de intentar. de esperar
y es el atajo del que te digo. Es más
fácil volver a ese vínculo tibio que arriesgarte, ¿no? Y
es más cómodo el decir, ya sé, ¿no? Ya sé
(03:47):
como de qué pie cogea aquello. Y entonces recalentamos el problema.
Está fuerte, pero así solemos hacerlo. Lo nuevo nos asusta.
o luego nos asusta lo honesto, nos requiere o nos
obliga a trabajar más, a estar más presentes, o a
(04:11):
crecer emocionalmente, que dejar así todo para recalentar más fácil.
Cocinamos de más y luego viene el recalentado y ya
recalentaste una vez y luego tienes que volver a recalentar.
Si lo llevamos al plano emocional como veníamos platicando, Pareciera
que a veces no tenemos esta llenadera emocional y confundimos
(04:35):
hambre con vacío. Nos seguimos sirviendo muchas veces, aunque ya
no nos guste. Y aunque nuestro cuerpo nos avise que
ya eso no, le seguimos dando. Porque ya no se
trata de disfrutar, fíjate. Se trata de no sentir el
vacío que queda muchas veces cuando algo se acaba. Entonces,
(05:00):
hay que darle hasta el final. Y estoy hablando del
exceso en lo emocional, que muy rara vez se vive
como placer. Se vive más bien a manera de urgencia.
Y entonces, digamos que esos recalentados emocionales van encontrando el
combustible perfecto muchas veces en estas épocas. Volvemos una y
(05:21):
otra vez, y no porque nos haga bien, sino porque
nos va distrayendo del vacío. pero a veces preferimos el
empacho conocido a sentir esa hambre mucho más honesta. Y
estoy hablando de relaciones, estoy hablando de trabajos. Volvemos a
lo conocido, decíamos, porque es lo que hay, ¿no? Y
(05:46):
dejamos de creer en nosotros, dejamos de experimentar algo nuevo
por miedo. Y esto es algo muy triste, porque el
cuerpo emocional, digamos que también se intoxica, se cansa, ¿sabes?
De darse lo que no nutre, de justificar lo que
(06:07):
no se puede justificar. Lo injustificable de volver a permitir
relaciones dañinas, tóxicas. Acercarte una vez más a personas que
no te suman para tener otra vez pues digamos que
la mesa no tan vacía. Estamos a punto de arrancar
(06:30):
un año nuevo y ahí es en donde deberíamos de
revisarnos y ser un poco más exigentes con nosotros y
con lo que vamos permitiendo en nuestra vida.¿ Por qué
no empiezas de forma distinta este 2026 que ya se aproxima
y de manera muy cercana? Entendiendo que En este año
(06:56):
vas a respetarte, vas a escucharte, vas a honrarte. Y
honrarte a veces es estar solo, es aceptar silencios, es
entender que el vacío probablemente no es un vacío, sino
simplemente ese espacio que necesitas para atenderte a ti, ese
(07:19):
silencio en el que ahora sí vas a empezar a
escucharte a ti primero que al mundo. Y pareciera que
cuando la vida ve esos vacíos, entiende el mensaje y
sabe que hay espacio para que tú puedas entonces atenderte
y llenarte de todo lo bueno. Dejar de aceptar o
(07:43):
recibir esas migajas que nada más te confunden, que te
hacen creer que te van a saciar, pero... Eso ya
no nutre. La llenadera emocional no es conformarse, es respetarse.
(08:04):
Es saber que cuando el exceso está ahí, es un
abandono más bien. Y el acto de amor más radical
es no seguir, es detenerse antes de seguir perdiéndolo todo.
Y mejorarte de esa indigestión emocional a veces no es inmediato.
(08:29):
Tampoco hay pastillitas milagro ni frases que lo logren acomodar
absolutamente todo. Es como cuando estamos convalescientes. Es poquito a poco.
A veces incomoda, ¿no? Pero, mira, después de ese exceso,
cuando ya volviste y volviste otra vez Quizá darte la
(08:53):
oportunidad con una persona, hablando de relaciones amorosas o hasta
de amistad. Después del exceso, pareciera que el cuerpo pide
una pausa. Ya no más mensajes para aclarar absolutamente nada.
Ya no más vueltas mentales. Ya no más consumo de
(09:15):
aquello que evidentemente te cayó muy mal. Hay que entender
que el silencio no es castigo. Necesitamos, como cuando nos
sentimos mal del estómago, ya no comas más, nada. Necesitamos
digestión de todo aquello, digerirlo, aceptarlo. Dejar de reaccionar es
(09:41):
permitir que lo vivido, digamos que se asiente y ya
no seguir inflamando la herida. Y así como el cuerpo
necesita agua, La emoción necesita claridad, honestidad, decirte las cosas
sin adornos, entender que aquello te hizo daño, que no
(10:03):
lo toleras más. Y esto no es para culparte, ¿sabes?
Simplemente es para entenderlo. Porque la negación es como alcohol
después del empacho. O sea, lo va empeorando absolutamente todo.
Y yo no te estoy diciendo que te aísles del mundo,
(10:25):
pero sí que te reserves para poder elegir mejor. Y
estoy hablando de conversaciones más simples, de vínculos más seguros,
de rutinas que no te exijan nada a cambio. No
todo empacho es un error inútil, ¿sabes? Mejor revisa qué
(10:49):
estabas buscando ahí.¿ Qué necesitas? ¿Compañía? ¿Validación? ¿Intensidad? Y cuando
entiendas aquello, no te castigues. Simplemente reconoce que la primera
compañía que necesitas verdaderamente y la única que te va
(11:12):
a sanar es la tuya. Así que es tiempo de atenderte. Decíamos,
la indigestión emocional no se quita de golpe. Así que, este,
tente paciencia. Háblate bonito, respétate y resérvate para lo mejor.
(11:34):
Estamos a punto de arrancar un nuevo año. Hazlo así,
con esa intención de entender que a veces menos es más.
Menos personas es más tiempo para atenderte. Menos discursos pueden
llevarte a más verdad, menos justificaciones. Habla de algo mucho
(11:59):
más funcional, más bonito. Y eso es lo que queremos
para este nuevo año.