Episode Transcript
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(00:00):
Saludos, soy tu coach Ibelis López y esto es Bajo el Crisol de la Fe,
un podcast distinto dirigido a reflexiones y propuestas espirituales que nos.
Music.
Alientan en los desafíos y los retos del día a día.
¿Estás lista o listo para conectar con tu parte espiritual,
con tu parte de la fe, con tu parte de enfrentar los retos y desafíos de la
(00:23):
vida para seguir buscando Buscando lo que es tu misión, tu visión,
tu propósito, conforme a la voluntad de Dios.
Esto es Bajo el Crisol de la Fe.
Music.
Saludos, te habla tu coach Ibelis López.
(00:47):
Bienvenidos a otro episodio de nuestro podcast Bajo el Crisol de la Fe.
Hoy, la invitación es a que nos adentremos en el corazón de nuestra fe para
reflexionar sobre la pasión de Jesucristo y el profundo significado que tiene
cargar nuestra cruz en nuestra vida cotidiana.
Y nos estaremos inspirando en el sacrificio y amor incondicional de Jesús precisamente
(01:12):
para descubrir cómo nosotros podemos vivir estos principios transformadores
en nuestra entrega y nuestra fe.
Jesús aceptó su cruz no como un destino fatal, sino más bien como una expresión
de amor incondicional y de obediencia al Padre,
sentando las bases para nuestra reflexión sobre el significado de cargar nuestra propia cruz.
(01:36):
A través de este episodio, lo que buscamos es comprender la profundidad del
amor y el sacrificio que Jesús demostró por la humanidad y cómo su entrega nos
invita precisamente a cargar nuestra propia cruz con fe y con esperanza.
La narrativa de la pasión de Cristo, detallada en los evangelios,
(01:58):
comienza precisamente con la oración en el huerto de Getsemaní.
Donde Jesús, en toda su humanidad, enfrenta la angustia ante el sufrimiento que le espera.
No obstante, se somete libre y voluntariamente a la voluntad del Padre,
diciendo, Padre, si quieres pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
(02:22):
Este relato lo encontramos en el Evangelio de Lucas, capítulo 22.
Versículos 42. Esta entrega a la voluntad divina marca lo que es el inicio de
un camino de profundo sufrimiento, traición y, finalmente, crucifixión.
La crucifixión de Jesús no es meramente un evento histórico de tortura y muerte,
(02:45):
no. No, queridos oyentes, es la manifestación máxima del amor incondicional,
porque no hay amor más grande que el que da su vida por los demás.
Y Jesús, siendo inocente, no teniendo culpas, acepta sufrir por los pecados de toda la humanidad.
(03:05):
Sí, queridos míos, aún por ti y por mí.
Y ofrece su vida como un sacrificio para la redención de todos.
Todos, absolutamente todos.
Y en la cruz, Jesús pronuncia palabras que resuenan a través de los siglos.
Cuando exclama, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
(03:28):
Esto lo encontramos en el Evangelio de Lucas, capítulo 23, versículo 34.
Es que incluso en su agonía, Jesús muestra compasión y perdón enseñándonos y
dándonos una lección eterna sobre el amor y la misericordia.
La cruz de Cristo no es solo un símbolo de sufrimiento, sino también de victoria
(03:52):
sobre el pecado y la muerte.
La resurrección de Jesús, que celebramos en Pascua,
completa ese misterio pascual y nos asegura que el sufrimiento y la muerte no
tienen y, queridos míos, jamás tendrán la última palabra.
Y este es el fundamento de nuestra esperanza cristiana, que nos anima a enfrentar
(04:16):
nuestras propias cruces con una fe infinita y con una confianza absoluta en Dios. Dios.
Cargar nuestra cruz implica reconocer y aceptar los sufrimientos,
las pruebas y los desafíos de nuestra propia vida, no como castigos, todo lo contrario,
sino como oportunidades para poder crecer en fe, en amor y en dependencia de Dios.
(04:42):
Significa seguir el ejemplo vivo de Jesús, viviendo una vida de servicio,
de sacrificio y de amor por los demás, incluso y sobre todo,
cuando sea difícil o doloroso.
San Pablo nos recuerda la importancia que tiene el unirnos a ese sufrimiento
de Cristo y en Colosenses capítulo 1 versículo 24 nos dice,
(05:04):
ahora me alegro de lo que padezco por vosotros y completo en mi carne lo que
falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo que es la iglesia.
Esta unión con Cristo en el sufrimiento es lo que nos permite ver nuestras nuestras
cruces a la luz de la redención y a la luz del amor divino.
Y continuando con nuestra reflexión sobre la pasión y la cruz de Jesucristo,
(05:29):
vamos a profundizar cómo este acto de amor,
incondicional y de obediencia total se convierte precisamente en una fuente
de inspiración y guía para todos nosotros en el mundo contemporáneo.
Y es que la cruz, lejos de ser un simple símbolo de sufrimiento,
se levanta como un faro de esperanza, como un faro luminoso de esperanza.
(05:52):
Enseñándonos el valor del sacrificio, de la resiliencia ante la adversidad y
la importancia de caminar con fe, incluso cuando nuestro camino puede parecer incierto.
En la actualidad, en nuestro día a día, enfrentamos un sinnúmero de desafíos
que pueden parecerse a llevar nuestra propia cruz.
(06:13):
Enfermedades, pérdidas, desilusiones, injusticias, luchas y desafíos personales.
Y en estos momentos de prueba, la historia de la pasión de Cristo nos recuerda
que no estamos solos en nuestro sufrimiento, queridos.
Jesús mismo caminó este camino de dolor y su victoria sobre la cruz nos asegura,
(06:35):
nos da la certeza que también tú y yo podemos superar nuestros desafíos con la ayuda de su gracia.
La entrega de Jesús nos enseña sobre la importancia de confiar en Dios incluso
cuando no entendamos ni el por qué ni el para qué de nuestras pruebas.
Y es que al igual que Jesús en el huerto de Getsemaní, podemos nosotros sentirnos
(06:59):
abrumados por la angustia.
Pero es precisamente en esos momentos cuando nuestra fe se llama a ser más fuerte.
Y confiar en Dios significa creer, a pesar de las dificultades,
que hay un plan mayor para nosotros y que de alguna manera, aunque no la comprendamos,
esos sufrimientos nuestros van a contribuir a nuestra transformación y a nuestro
(07:24):
crecimiento personal. personal.
Además, la cruz nos invita a vivir con una perspectiva de servicio y de amor
hacia los demás, porque Jesús no llevó su cruz por sí mismo, ¿no, queridos oyentes?
Él la llevó por toda la humanidad, por ti y por mí.
(07:44):
De manera similar, tú y yo estamos llamados a llevar las cruces de los demás también,
a ser compasivos, a ofrecer consuelo y apoyo a los que sufren,
Y este acto de servicio mutuo refleja el amor que Jesús nos mostró en la cruz
y fortalece las comunidades de fe,
haciéndolas refugios de esperanza y de amor.
(08:05):
Y los santos y mártires a lo largo de la historia han también encontrado en
la cruz no solamente un símbolo de sufrimiento, sino sobre todo de victoria.
Personas como San Maximiliano Colbe, quien ofreció su vida en los campos de
Auschwitz por la vida de un compañero prisionero.
O la Madre Teresa de Calcuta, que veía el rostro de Cristo en los más pobres
(08:29):
de los pobres, en los que ellas servían.
Y esto nos muestra cómo la cruz se convierte en un puente hacia la más alta
expresión del amor humano, el sacrificio por el bien de otros.
Vamos a hablar un poquito acerca de dos figuras, dos figuras de fe que nos pueden enseñar.
(08:49):
Una nos enseña acerca del amor y el servicio sin límites y el otro nos enseña
acerca de la fe, la esperanza y la alegría en el sufrimiento.
Y este primer santo o primer personaje que estaremos reflexionando acerca de
su vida es precisamente la Madre Teresa.
Nacida como Agnes Gonza en Macedonia,
(09:11):
la Madre Teresa sintió ese llamado a servir a Dios desde muy joven.
Ella fundó las Misioneras de la Caridad en Calcuta, India, y el propósito fue
cuidar a los más pobres entre los pobres.
Y es que su vida estuvo dedicada a servir a los marginados por la sociedad,
a esos enfermos, a esos moribundos, a esos huérfanos.
(09:35):
Y la Madre Teresa nos enseñó que el amor se demuestra en acciones.
Una estrategia simple pero profunda que ella adoptó durante toda su vida fue
el tratar a cada persona que encontraba como si fuera Jesús mismo.
Esta perspectiva definitivamente transformó no solamente el enfoque de su servicio,
(09:56):
sino también cómo nosotros podemos abordar nuestras interacciones diarias.
Y el vivir sin poseer casi nada, dedicando momentos de su vida al servicio de otros.
¿Y para nosotros en qué se traduce esto?
Queridos oyentes, en evaluar cómo nuestras posesiones y cómo nuestro tiempo
(10:16):
pueden también ser utilizados para beneficiar a otros, reconociendo y aceptando
que en la entrega y en el sacrificio personal encontramos una profunda alegría y satisfacción.
Y es que la Madre Teresa es un testimonio vivo de cómo cargar nuestra cruz se
puede traducir en un servicio desinteresado nos enseña que la entrega a los demás.
(10:38):
Descubrimos nuestra verdadera vocación y sobre todo ahí es donde encontramos
y vemos de una manera más clara el rostro amoroso de Dios y hablemos ahora de San Juan Pablo II,
Carol Joseph Woodley.
Conocido mejor como Juan Pablo II. Ciertamente fue un hombre que encontró un
(10:59):
sinnúmero de desafíos a lo largo de su vida,
que incluyeron la pérdida de su familia durante su juventud,
la opresión que vivió ante el régimen comunista en Polonia y más tarde en su
vida las enfermedades y los atentados contra su vida misma.
Y a pesar de estos sufrimientos, su pontificado estuvo marcado por por un mensaje
(11:19):
lleno de esperanza, de amor y, sobre todo, un llamado a la paz mundial.
Juan Pablo II mostró una confianza profunda en Dios a lo largo de su vida.
Él nos enseña la importancia de mantener la fe, especialmente en momentos de
prueba y desafío, como una fuente de fortaleza y de guía.
Y a pesar de sus sufrimientos, él escogió, él eligió vivir con alegría,
(11:44):
transmitiendo un mensaje de esperanza a todos los fieles alrededor del mundo.
¿Qué significa para nosotros?
Significa, queridos míos, encontrar la alegría en las pequeñas cosas y mantener
sobre todo una actitud positiva ante las adversidades, reconociendo que nuestra
alegría interior es un reflejo de nuestra fe.
(12:05):
La vida de Juan Pablo II demuestra cómo se puede llevar la cruz con dignidad
y alegría, convirtiendo el sufrimiento en una hermosa ofrenda de amor.
Nos invita a ver más allá de nuestras propias cruces, hacia una vida de servicio,
de amor y de alegrías inquebrantables.
Estos ejemplos de vida nos enseñan que llevar nuestra cruz en el seguimiento
(12:29):
de Jesús no es meramente soportar de una manera pasiva los sufrimientos. No, para nada.
Es transformarlos en actos de amor, de servicio y entrega.
La Madre Teresa y San Juan Pablo II son unos hermosos faros de esperanza y amor
que nos inspiran, o nos deben inspirar, a vivir con mayor propósito y compasión.
(12:51):
Para llevar nuestra cruz diariamente, queridos míos, se requiere mucho coraje,
mucha fe y sobre todo una confianza inquebrantable en que Dios está con nosotros en cada paso del camino.
Es encontrar alegría y propósito en el servicio a los demás.
Es perdonar a aquellos que nos han herido. Y sobre todo es mantener la esperanza
(13:15):
en los momentos de desesperación.
Y quisiera compartir contigo unas estrategias de vida, precisamente inspiradas en el Evangelio.
La primera, el servicio activo y consciente.
Y la invitación es que cada semana dediquemos un tiempo específico para ayudar
a los demás de una manera concreta.
Y esto puede ser a través de un voluntariado en nuestra comunidad,
(13:37):
en nuestra iglesia, ayudando en un comedor escolar.
Visitando ancianos en residencias que carecen de familias cercanas,
o simplemente ofreciendo nuestro tiempo a un amigo, a un vecino,
a un familiar que esté pasando por un momento difícil.
Y cuando servimos a los demás, nos convertimos en un reflejo vivo del amor de
Dios, fortaleciendo no solamente nuestra fe, sino también nuestra empatía y
(14:03):
nuestra comprensión hacia la lucha de los demás.
La segunda estrategia es el amor en las acciones cotidianas.
Y aquí la invitación es que implementemos un gesto de amor incondicional diariamente,
sin esperar nada a cambio.
Y puede ser tan simple como que le brindemos una palabra de aliento,
un mensaje de apoyo a alguien que lo necesita, o que tomemos acciones de amabilidad
(14:26):
aleatorias a desconocidos.
Estos gestos, aunque parezcan pequeños,
tienen en ellos el poder transformador, no solo en transformar el día de esa
otra persona, sino también el nuestro, al recordarnos el poder del amor y la conexión humana.
La tercera, prácticas diarias de oración y meditación.
(14:47):
Y aquí te invito a que dediquemos un momento del día para la oración o la meditación,
enfocándonos precisamente en la gratitud y la entrega a Dios.
Y esto lo podemos realizar por la mañana para empezar nuestro día centrado y
agradecido o por la noche como
un momento para reflexionar sobre las bendiciones y los desafíos del día.
(15:09):
O quizás pudieras escoger los dos, comenzar tu día centrado y agradecido y culminar
tu noche también en agradecimiento por las bendiciones y hasta por los desafíos del día.
Esta práctica diaria nos va a ayudar a fortalecer nuestra relación con Dios,
encontrando en él la fuente de nuestra fuerza, la fuente de nuestra paz,
(15:30):
muy especialmente cuando nos toca enfrentarnos a nuestras propias crisis.
Y en el valor del sacrificio personal, el aceptar los desafíos como oportunidades
de crecimiento es algo que tiene un valor inmenso.
Y aquí la invitación es que ante un desafío personal,
ya sea una pérdida, una enfermedad, conflictos familiares o laborales o cualquier
(15:58):
cruz que sea la que estemos cargando, busquemos verla como una oportunidad para
nosotros crecer en fe y en carácter.
Y esto implica, claro está, un ejercicio de profunda reflexión para que podamos
identificar qué podemos aprender de esa situación y cómo podemos permitir que
esa situación nos acerque a Dios.
(16:18):
Cada desafío lleva en sí la semilla de un crecimiento espiritual y personal.
Y cuando aceptamos nuestra cruz con fe y con esperanza, esto nos permite transformar
el dolor en fuerza y sabiduría.
También en el valor del sacrificio personal encontramos propósitos.
Y aquí la invitación, queridos, es a reflexionar sobre cómo nuestros sacrificios
(16:42):
personales pueden servir a un propósito mayor.
Y esto puede ir desde ofrecer nuestro sufrimiento por el bienestar de otra persona,
por la paz en el mundo, o simplemente como una ofrenda de amor a Dios.
Cuando le damos sentido a nuestro sacrificio, estamos conectando con la esencia
misma del sacrificio de Cristo en la cruz.
(17:02):
No se trata solo de soportar el dolor, sino sobre todo de transformarlo en un
acto de amor y de entrega.
La cruz del Viernes Santo y la resurrección de Jesús nos recuerdan que mucho
más allá del dolor y el sacrificio, existe una promesa de renovación y de vida eterna,
(17:23):
que aún hoy la vemos y la tenemos a nuestro alcance.
Cargar nuestra propia cruz, inspirados por el amor y la entrega de Jesús nos
invita a vivir con una profunda fe y esperanza, transformando nuestras vidas
y la vida de aquellos que nos rodean.
Que este mensaje de amor incondicional y sacrificio nos guíe y nos fortalezca
(17:46):
en nuestro camino espiritual.
Y al concluir, esta reflexión sobre la pasión y la cruz de Jesucristo.
Yo invito a cada uno de ustedes a que meditemos en nuestra propia vida.
¿Cómo estamos respondiendo al llamado de llevar nuestra propia cruz?
¿Encontramos en Jesús la fuerza y la inspiración para realmente enfrentar nuestras pruebas?
(18:09):
Que la historia de la pasión sea la que nos motive, queridos oyentes,
a abrazar nuestra cruz con amor, Amor, sabiendo que al final del camino nos
espera la promesa de la resurrección y la vida eterna.
Y te regalo esta frase que hace muchos años, en un momento donde me tocó cargar
(18:30):
mi cruz de la manera más fuerte posible.
De lo más profundo de mi alma brotó esta frase que se convirtió en una oración
día a día, día a día, que me fortaleció y me permitió unir ese sacrificio y ese sufrimiento.
Por el que yo estaba atravesando al sufrimiento de Cristo en la cruz.
(18:50):
Y hoy, 14 años después de ese suceso, puedo ver el amor y la misericordia de
Dios y cómo esa entrega y cómo el cargar mi cruz desde el amor y desde la fe,
el Señor lo convirtió en un milagro de amor.
Y ante ese reto, ante ese desafío que me tocó vivir de rodillas, yo le exclamé al Señor,
(19:13):
Señor, yo me abrazo a tu cruz porque abrazado a ella, tú me vas a llevar a ver
la gloria de la resurrección.
Y te doy fe que mi milagro de amor yo lo recibí hace 14 años atrás y lo sigo
viendo en la bondad y la misericordia de Dios.
Queridos oyentes gracias por acompañarme
(19:35):
en este episodio deseo profundamente que la gracia de dios nos fortalezca y
que nos guíe siempre hacia ese amor incondicional les envío un mar de bendiciones
a todos y que la paz y el amor de cristo sean siempre los que llenen nuestro
corazón esto ha Ha sido todo por hoy.
(19:55):
Anótalo, abrázalo, vívelo. Se despide tu coach Iberis López. Hasta la próxima.