Episode Transcript
Available transcripts are automatically generated. Complete accuracy is not guaranteed.
Speaker 2 (00:00):
Durante mucho tiempo tuve un recuerdo de mi época de niño,
pero que no sabía si era algo que yo había
vivido y visto, o si era algo que mis papás
o alguien me había contado. Es que las fechas, los
lugares y los personajes no me cuadraban completamente, y durante
años estuve preguntando a muchas personas para ver si recordaban
ese hecho, del que ya les voy a hablar, pero
(00:22):
nadie me daba razón. Afortunadamente, en mi último viaje a
Santa Marta, en algunas entrevistas que hice, así de pura casualidad,
salió el tema a relucir y se aclaró todo. Lo
que yo recordaba sí ocurrió, así que por fin, después
de años y años en los que pensé que me
estaba volviendo loco, por fin pude confirmar que ni estoy
(00:44):
loco y que tampoco me inventé ese recuerdo ni lo soñé.
Es de verdad, verdad. El recuerdo era que un día
de febrero de 1968, Yo estaba muy, muy peladito, claro. Pues
por ahí, como a las seis y media de la tarde,
cuando ya la gente había salido de todos sus trabajos
(01:05):
e iba camino a su casa o estaban haciendo las
últimas compras del día en las panaderías, tiendas y otros
almacenes de ahí del centro de Santa Marta, La cotidianidad
fue abruptamente interrumpida por un tremendo estallido que hizo hasta
estremecer los árboles de almendro de los parques del centro,
(01:26):
haciéndoles perder muchas hojas. Bueno, de pronto estoy exagerando un poquito.
Pero el estallido sí fue bien fuerte y hasta hizo
que se fuera la luz y el servicio telefónico en
medio centro y se activaron obviamente enseguida las alarmas de
la policía y los bomberos. Se trató de una bomba
(01:49):
que pusieron debajo del carro de un señor a quien
yo recuerdo que siempre andaba muy elegante, de saco y corbata.
Ese era el señor Muse Moisés, un abogado de ascendencia
libanesa y cuyos abuelos y padres habían llegado a Colombia
por Barranquilla a finales del siglo XIX y de ahí
pasaron a Plato, en la región que en ese entonces
(02:10):
se llamaba la provincia del río. En 1943, el señor Moisés murió.
Llegó por primera vez a Santa Marta con 23 añitos y
recién graduado de abogado. Llegó a hacerse cargo de la
Secretaría de Gobierno de la Gobernación del Magdalena. Y el
día de su posesión, mientras él estaba firmando los documentos
(02:31):
oficiales y estrechando la mano de todos los miembros del
gabinete y tal, Muce no le quitaba los ojos a
la secretaria privada del despacho del gobernador, que era una
muchacha samaria de pura cepa, de piel muy blanca, ojos
grandes y brillantes, cejas marcadas, cabello negro y sonrisa amplia.
Su nombre, Sarita Cotes Géneco. Muce quedó tragado de una
(02:56):
desde el primer momento. Y eso fue rapidito. La enamoró
y al poco tiempo, en 1944, se casaron y de una
se fueron a vivir a una casa que quedaba en
esta calle, de la que les he estado hablando desde
el principio, desde el episodio anterior, al pie de la catedral,
entre el callejón de Pedro Sales y la Carrera Quinta.
(03:18):
y allí nacieron sus dos hijos, Luis Miguel y Sarita Leonor.
Esa era una casa tal como está en mis recuerdos,
de un solo piso, con una terraza amplia hacia la calle,
con baldosas como un tablero de ajedrez, con una especie
de murito alto de granito negro que rodeaba la terraza
y tenía como una puertecita al lado que era la
(03:39):
entrada a lo que llamaban la caja de aire y
una puerta a la oficina personal del señor Moisés. Pues bueno,
Fue ahí, frente a esa casa, en donde pusieron la
bomba debajo de su carro, esa tarde del viernes 9 de
febrero de 1968. El carro era un Oldsmobile de la General Motors,
modelo 54 de color verde. Yo lo recuerdo tanto, ese era
(04:02):
un carro grande, como si fuera un Batimobile. ¡Ja, ja, ja!
muy elegante, con muchas partes cromadas y decían que podía
alcanzar una velocidad de hasta 120 km por hora. En esa época,
imagínate tú esa valla. El cuento es que con lo
(04:24):
de la bomba, el carro se quemó todo, llegaron los
bomberos y tal, la casa sufrió algunos daños, como la
puerta de la oficina del señor Moisés que se desprendió
totalmente del marco, Todos los vidrios de las ventanas quedaron rotos,
al igual que los vidrios de la oficina de Avianca,
que quedaba ahí sobre la carrera quinta, y los del
segundo piso del edificio del Banco de la República, en
(04:45):
la esquina de la cuadra. Y para remate entonces hubo
seis heridos, personas que estaban a esa hora por los alrededores.
Entre los heridos estaba la señora Agneris Pimienta, taquillera del
Teatro Santa Marta, quien resultó con cortaduras en la cara
al romperse los vidrios de la taquilla. taquillera del Teatro
(05:06):
Santa Marta. Una de las profesiones que siempre quise ejercer
desde que era un peladito. Pero aún no se me
ha dado la oportunidad.¿ Quién sabe?¿ Quién sabe? Quizás algún
día se me dé.¿ Algún día? El hecho es que
ese día y los días siguientes, La Bomba fue el
titular de las noticias de las emisoras de radio y
(05:27):
periódicos de la ciudad. 7.56
Speaker 3 (05:35):
minutos, hora del reportero Caracol de Santa Marta, 7.56.
Speaker 2 (05:40):
La noche siguiente a la explosión, como muchas otras noches
de mi infancia, estábamos de visita en casa de mi
abuela en la calle El Pozo. Y por ahí a
las seis y media o siete de la noche me
fui de la mano de mi tío a la cita
vespertina que él siempre tenía con sus amigos y quienes
siempre se reunían frente al edificio del Banco de la
República que quedaba precisamente al lado de la casa del
(06:02):
doctor Muse Moisés. Mientras ellos conversaban de todo lo divino
y lo humano, yo esas noches me la pasaba brincando
y caminando o corriendo de un lado al otro en
el andén, o me sentaba en los muritos de las
ventanas del banco a disfrutar del aire acondicionado que permanecía
prendido de día y de noche y que se escapaba
a través del sistema de celosía de vidrios que tanto
(06:27):
se usaba en esa época en las ventanas. Esa noche entonces, naturalmente,
el tema obligado era el de la bomba. Y aunque
el Oldsmobile carbonizado ya no estaba allí, la calle todavía
tenía un ambiente de quietud inusual. En la acera de
la catedral había unos curiosos que hablaban bajito dándose explicaciones,
(06:48):
me imagino, y señalando las manchas negras sobre el pavimento.
Y allí, sobre el pavimento, se veían restos de cauchos chamuscados,
pedacitos de vidrio, de cables eléctricos, cenizas y una mancha
de aceite que reflejaba la luz blanca que salía por
los ventanales del banco. El aire en toda la calle
seguía impregnado de ese olor penetrante que deja un incendio profundo.
(07:12):
y que es como una mezcla amarga de metal retorcido,
caucho quemado, gasolina mal evaporada, plástico derretido y hasta de
humo viejo. Un olor espeso que uno siente que se
le pega en la ropa y hasta en las fosas
nasales y en el paladar. Es algo denso que huele,
al menos para mí en ese momento, también a misterio
(07:34):
y a miedo. Esto es del Caribe y otros tulipanes
y yo soy Carlos Flores Urbina, soy biólogo, samario, pero
sobre todas las vainas soy un man nacido a orillas
(07:55):
del mar Caribe y a los pies de la majestuosa
Sierra Nevada de Santa Marta. Les estoy hablando desde Holanda. Episodio 92.
Los olores de esta calle. Segunda parte. Antes de continuar,
(08:18):
debo decirles que este podcast es posible gracias al apoyo
de los donantes. Si te gusta este episodio y quieres
que siga produciendo muchos más, apóyame hombre haciendo un aporte
económico de un dólar, tres dólares o hasta cinco dólares
por mes. Lo puedes hacer a través de la plataforma www.patreon.com
(08:39):
slash del Caribe y otros tulipanes. Muchas gracias. Aunque a
los pocos días capturaron a unos sospechosos, la verdad es
(09:02):
que nunca quedó claro el porqué de la bomba, que
entre otras cosas no era la primera que le ponían
al Dr. Moisés, aunque afortunadamente la primera que le pusieron
también ahí frente a su casa unos años antes no estalló.
Una de las versiones para esta segunda bomba, según el
periódico El Informador del domingo 11 de febrero de 1968 que tengo
(09:22):
aquí en mis manos, era que la bomba quizás fue
puesta por una discusión la semana anterior a los hechos,
abro comillas, entre el doctor Luis Miguel Moisés Cotes, secretario
de gobierno municipal e hijo del doctor Muse Moisés, con
miembros de una cumbiamba carnavalera en la que se hizo
(09:43):
necesaria la presencia enérgica de la policía para evitar que
al distinguido funcionario se le atropellara, cierro comillas. Rara esa versión,
no me parece. Otra versión que circuló por esos días
es que la bomba tuvo que ver con algún caso
que como abogado llevaba el doctor Moisés y quizás alguien
quiso amedrentarlo, meterle miedo. Es que ya para ese entonces
(10:08):
él se había retirado de la política, profesión que había ejercido,
como les conté, desde que llegó a Santa Marta a
ser secretario de gobierno departamental en el año 1943. En esa
carrera como político, El doctor Moisés fue miembro del Congreso
de la República por allá en 1948 y después fue hasta
alcalde municipal de Santa Marta en 1957 y 1958, que fueron los
(10:32):
años de las primeras fiestas del mar, cuando estaba de
gobernador Carlos Bermúdez Cañizales. Hablando de las fiestas del mar,
aprovecho y les digo que si quieren conocer la historia
de esas fiestas, pueden escuchar los episodios 46 y 47. Ahí les
echo el cuento completico de cómo fueron esos primeros años
de las fiestas del mar de Santa Marta, cuando el
(10:53):
mar era el centro de las fiestas. En esos años
(11:20):
del ejercicio de la política, el doctor Moisés tuvo un
oponente tremendo. Se trataba del aguerrido líder político samario José
Ignacio Vives Echeverría, más conocido como Nacho Vives. Fueron tiempos
duros y difíciles en los que seguidores de Nacho, por ejemplo,
llegaban de los barrios populares de la ciudad a protestar
(11:42):
frente a la casa del alcalde. tiempos en los que
Nacho Vídez hacía uso de su gran capacidad oratoria para
enfrentar al Dr. Moisés. Me cuentan que un día Nacho
se pasó de la raya, viejo men, y se presentó
a la casa de los Moisés a gritar e insultar
al Dr. Muse. Me dicen que donde yo me ponga
(12:04):
a repetir aquí lo que gritaba Nacho Vídez, ese día
me censuran el podcast. Afortunadamente las cosas nunca pasaron de
ahí y con el tiempo se fueron calmando las aguas.
Y es que así tenía que ser, pues a la
larga Muse y Nacho terminaron emparentados, ya que una hermana
de Nacho, la señora Elenita Víos Echeverría, se casó con
(12:25):
un hermano de la esposa de Muse, el doctor Luis
Cotes Éneco. Luis Cotes, amiguísimo de mi papá, con quien
entre otras vainas tengo uno de los recuerdos más gratos
de mi infancia. Imagínense, íbamos con él, con mi papá
y con él, íbamos los fines de semana a las
cinco y media de la mañana a la granja del
Sena de Gaira a comprar huevos, leche, queso y otros
(12:49):
productos que allí se producían. Una vaina deliciosa. Oye, hablando
de Nacho Vives y haciendo otro paréntesis típico de mis historias,
(13:12):
no sé si ustedes se acuerdan que ese man por
allá a comienzos de los 70 estuvo de precandidato a la
presidencia de la república,¿ se acuerdan? Pues esa candidatura iba
en serio y Nacho hubiera sido hasta el segundo presidente
samario de la historia. pero no me acuerdo qué fue
lo que pasó y el man se retiró de esa
carrera hacia la presidencia. De lo que sí me acuerdo
(13:32):
es que en esos años, Luis Enrique Martínez, el gran
maestro de los bajos del acordeón nacido en el Ático,
en Fonseca, le sacó a Nacho esta canción que están
escuchando como parte de esa campaña política para las elecciones
presidenciales de 1974. Aquí está, con la voz y el acordeón
(13:53):
del Pollo Vallenato, Luis Enrique Martínez. Un pedacito de Nacho Vives.
Speaker 7 (14:02):
Vamos muchachos, vamos con Nacho!¡ Vamos muchachos, vamos con Nacho! Bueno,
(14:41):
cerramos el paréntesis y sigo ahora con las historias de
esa cuadra.
Speaker 2 (15:06):
De esa calle al lado de la catedral. Quiero referirme
ahora a la casa de la familia Polo Macías, a donde,
como les conté en el episodio anterior, llegaba todas las tardes,
empolvada y bien olorosa, Carmencita Correa Granados, a contarle a
los niños sus cuentos inventados de misterio y de terror.
(15:28):
Pues esa casa de la familia Polo Macías tiene casi 100 años.
Fue construida en 1928. Y lo mejor de todo es que
esa casa todavía existe como residencia, como casa de familia.
Y yo, que ustedes ya saben cómo soy, no desaproveché
mi reciente paso por Santa Marta y muy amablemente me
(15:51):
hice invitar para visitar la casa y conocerla. Pues... Les
cuento que sigue estando en manos de la familia Polo
y todavía viven allí las nietas de don Manuel Salvador
Polo Hernández y la señora Zoila Macías quienes la compraron en 1930.
El señor Manuel Salvador y la señora Zoila llegaron en
(16:13):
esos años a Santa Marta procedentes de la zona bananera
en donde tenían dos fincas, una por fundación llamada La
Suiza y otra por río frío llamada La Fortuna. Tuvieron
dos hijos varones, Manuel y Carlos Alberto. Tristemente el señor
Manuel Salvador murió muy muy pronto, cuando Manuel y Carlos
(16:33):
Alberto eran realmente unos adolescentes. Entonces la señora Soyla los
mandó a estudiar internos al Colegio de la Salle en
Bogotá y luego a seguir sus estudios universitarios, el uno
derecho en el externado y el otro medicina en la
Universidad Nacional. Y ella se quedó a cargo de la
casa y del negocio de las fincas y del negocio
(16:54):
de producción y exportación del banano y muy dedicada y
activa como presidenta por algún tiempo de la Organización de
Madres Católicas, que era un grupo de mujeres que apoyaba
al cura párroco de la catedral en la realización de
algunos eventos como las novenas, las procesiones, las de Semana Santa,
las de la patrona de la ciudad o las del
(17:15):
Corpus Christi. En cuanto a los pelados, Manuel el Mayor
estudió Derecho y se casó con María Teresa Jiménez del
Molino Guajira y tuvieron ocho hijos, los Polos Jiménez. El
otro hijo, Carlos Alberto, estudió Medicina y se casó con
Aura María Sitú López, caleña y de ascendencia china. Ellos
(17:38):
tuvieron cuatro hijos, los Polos Sitú, y esa es la
rama de los Polos que todavía vive en esta casa
de la que les estoy hablando. Imagínense que Carlos Alberto
y Aura María, la chinita como le decían, estuvieron de
novios en la distancia por 7 años. Se veía naturalmente cuando
él iba a visitar la Cali y tal, pero de
resto el noviazgo se mantuvo a punta de cartas. Cartas
(18:00):
de amor que, ustedes no me lo van a creer,
pero es cierto, la familia todavía guarda esas cartas que
ya tienen por ahí unos 80 años.¿ Qué tal esa vaina?
Y no son solo esas cartas de tiempos pasados que
esa casa encierra, sino también muchas otras cosas de la
familia Polo Macías, como los muebles del comedor, el sofá
(18:22):
bienes de la sala, las colecciones de discos traídas de
los Estados Unidos, las fotografías de la familia, los regalos
de matrimonio que le hicieron a Manuel Salvador y a Zoila,
las vajillas, los cubiertos comprados en el comisariato de la UNI,
y hasta un piano marca Cornish que, Yo digo que
(18:42):
debe tener entre 110 y 120 años, o quizás un poquito más.
El cuento es que cuando Carlos Alberto se iba a
casar allá en Cali con Aura María, toda la familia
de ella, puros chinos, le decían que no se viniera
a vivir a Santa Marta, que la iba a pasar mal,
(19:02):
que le decían, mira que allá en Santa Marta eso
es puro monte, y hay unos zancudos gigantescos que se
comen a la gente. Aunque si eran chinos seguro que
le decían, mira, ve, no te vayas para la Santa Malta, mira,
Santa Malta es muy feo, muy feo. Pero qué va, hombre,
(19:23):
la chinita estaba tragada del samario y no le importaron
los miedos que la familia le quería meter y arrancó patrullando.
Tanto Manuel como Carlos Alberto, cuando se casaron con la
molinera y con la caleña china respectivamente, empezaron a vivir
(19:44):
ahí en la casa en la que seguía viviendo Doña Zoila,
ya con su segundo marido, que era el señor Víctor
Jiménez Vence, y con la mamá de Doña Zoila, Doña
Julia de Macías, y con las muchachas que ayudaban en
los oficios. Así que al poco tiempo llegaron los primeros
hijos de las dos parejas, y me imagino la felicidad
de la abuela y de la bisabuela, al ver que
(20:06):
la casa y los cuartos que estuvieron vacíos por tantos años,
ahora empezaban a llenarse de las risas y las travesuras
de los nietos. Entre esos primeros nietos estaba uno que
muchos años más tarde llegó a ser alcalde de Santa Marta,
me refiero al doctor Carlos Manuel Polo Jiménez. En esos
(20:29):
años de casa llena, los niños disfrutaban de los espacios
amplios y llenos de luz de las habitaciones, pero sobre
todo del comedor junto al patio central en donde se
sentaban a disfrutar de las frutas que les traían de
la finca. Algunos días era el olor envolvente y floral
del mango de azúcar, el que inundaba todos los rincones
(20:50):
de la casa. Otros días era el inconfundible olor a
verano de la guayaba, o el refrescante toque de la papaya,
o el de la piña dulce. ¡Ah, qué delicia! Es
que en esa casa nunca faltaban las frutas, los caimitos,
las guamas, los zapotes, las patillas. Las usaban para comer
(21:10):
con las manos hasta embarrarse toda la cara o para
hacer jugos, conservas o pastas de dulce. Ah, y claro,
lo que más había era guineo, mucho guineo, guineo verde
para el calleye de todas las tardes acompañado de un
café con leche. o guineos maduros que los niños se
comían especialmente en horas de la mañana sentados todos en
(21:32):
el alféizer o los muritos esos o los descansaderos de
las ventanas de la sala que daban hacia la catedral
y mientras esperaban el paso de las vendedoras de pescado.
Es que a eso de las 10 de la mañana, cada mañana,
(21:55):
A lo lejos se podía escuchar el pregón de las
vendedoras de pescado que iban acercándose poco a poco mientras
cargaban sobre sus cabezas en completo equilibrio. Las bandejas o
las palanganas de madera en las que llevaban los más
bellos especímenes resultados de la pesca de esa mañana. Sierras, pargos, bonitos, medregales,
(22:17):
meros o barracudas.
Speaker 8 (22:20):
¡Fresco, bonito, fresco, tierra fresca
Speaker 2 (22:30):
El olor penetrante de los pescados frescos se iba regando
por toda la calle y se metía por las ventanas
abiertas de las casas como si fuera una capa de
niebla delgada que llevaba consigo el recuerdo de las escamas húmedas,
de los chinchorros secos sobre la arena, de las algas
arrastradas por las olas, y de la sangre seca sobre
(22:51):
el fondo de los botes de pesca. La
Speaker 8 (22:54):
piel
Speaker 2 (23:04):
de ébano de esas tagangueras descomunales brillaba iluminada por la
luz de la mañana. Eran unas pieles de textura firme
y curtidas por el sol, por la sal. por la
brisa marina y por los años de ajetreo bajo este
cielo azul del Caribe. Y es que hasta ellas desprendían
(23:25):
su propio olor en el que se mezclaba, yo digo,
el bálsamo ese refrescante del mar en las madrugadas con
el olor a aceite del sudor guardado en los pliegues
de la piel. ¡Fresco, bonito, fresco, tierra
Speaker 8 (23:40):
fresca!
Speaker 2 (23:45):
Esos eran algunos de los olores de esta calle.¡ Qué delicia!
Pues hay más, muchos más y en el siguiente episodio
les seguiré hablando sobre ellos y sobre los personajes y
las casas y las familias y las situaciones a las
que nos llevan estos olores que entre otras cosas no
(24:05):
son únicos y exclusivos de esta calle. La calle grande
en el centro de Santa Marta, mi ciudad natal en Colombia.
Claro que no, estos olores los encontramos y los podemos
reconocer en todo el Caribe, en el Caribe continental y
en el Caribe insular. Cualquier man de Curazao, o de
Puerto Rico, o de la costa venezolana, o de San Martín,
(24:27):
o de las Islas Vírgenes, o de Cuba, de Dominicana,
o de donde sea, cualquiera que haya nacido y crecido
en el Caribe puede reconocer lo que les he contado
y con toda seguridad puede contar más historias de estas
ligadas a nuestros olores. a los olores que marcan nuestras
vidas y nos llenan de recuerdos que a veces creíamos olvidados,
pero que va, ahí están, ahí siguen. Antes de terminar,
(25:01):
quiero agradecer a la familia Polos y Tú por haberme
invitado a conocer esa bella casa en la que viven todavía.
y por haber compartido conmigo parte de la historia de
su familia muchísimas gracias espero que ustedes estén disfrutando esta
serie sobre los olores del Caribe la verdad es que
(25:24):
no era la idea hacer más de un episodio sobre
este tema pero a medida que he ido avanzando se
me ha ido alargando la jugada y con cada olor
que recuerdo me sale una nueva historia y miles de
recuerdos más Pero bueno, espero que el siguiente episodio ya
sea el último sobre este tema oloroso. No me voy
(25:49):
sin recordarles que el podcast solo es posible con el
apoyo que ustedes me brinden. Pueden hacerlo a través del
programa de membresía que encuentran en la plataforma www.patreon.com slash
del caribe y otros tulipanes. Muchas gracias. Toda la información
está en la cuenta de Instagram de Del Caribe y
Otros Tulipanes. Esto es Del Caribe y Otros Tulipanes y
(26:17):
yo soy Carlos Flores Urbina. Muchas gracias por escucharme y chao.