Episode Transcript
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Speaker 2 (00:06):
Nadie la vio desaparecer, nadie escuchó un grito, no hubo testigos.
Solo una joven que un día dejó de contestar el teléfono,
de abrir la puerta, de estar. Durante días, lo único
que había eran preguntas. Y después, el silencio. Amanda Zhao
(00:27):
tenía 21 años y acababa de llegar a Canadá. Venía de China,
como tantos otros estudiantes internacionales, con el deseo de aprender,
de crecer y de vivir. Estudiaba inglés en un colegio privado,
compartía piso con su novio y se movía entre rutinas sencillas, clases,
(00:48):
cafés y llamadas a casa. No había en su historia,
al menos de cara al mundo, nada oscuro, nada alarmante,
hasta que desapareció. Y entonces algo se rompió. Once días
más tarde, su cuerpo apareció metido en una maleta. Alguien
(01:09):
la había dejado abandonada en un bosque a las afueras
de Vancouver, como si se pudiera esconder así el peso
de una vida rota. La autopsia reveló que Amanda había
sido estrangulada y las sospechas rápidamente se posaron sobre el
hombre que más cerca estaba de ella, su pareja, su
(01:29):
compañero de piso, su novio. Lo que vino después no
fue solo una investigación de un crimen, sino que fue
un laberinto, porque el sospechoso huyó. y huyó a un
lugar donde no podían traerlo de vuelta, China, un país
sin tratado de extradición con Canadá, un país donde la
(01:51):
justicia sigue caminos distintos, donde las pruebas cambian de forma
y donde los juicios a puerta cerrada pueden redefinir la historia.
A partir de ahí, Todo se volvió más oscuro, las
versiones comenzaron a cambiar, las condenas también, y con el
(02:12):
paso de los años, la historia de Amanda se fue desdibujando,
como si el tiempo pudiera amortiguar el crimen, como si
la distancia pudiera borrar una muerte. Pero Amanda existió y
lo que ocurrió no merece quedar enterrado entre fronteras ni
olvidado en archivos diplomáticos. Hoy volvemos a su historia, no
(02:36):
para resolver lo que ya no se resolvió, sino para
contar lo que fue, para mirar de frente el misterio
de su muerte, las dudas que aún persisten y las
heridas que nunca se cerraron. Porque a veces lo peor
no es cómo muere alguien, sino cómo el mundo reacciona
(02:57):
cuando eso ocurre. Bienvenidos a un nuevo episodio de Dosier Criminal.
Aquí cada caso es más que un crimen. Es una
historia marcada por el misterio, el silencio y verdades que
esperan ser contadas. Si te gusta este contenido, suscríbete y
(03:17):
deja tu like. Así me ayudas a seguir dando voz
a quienes ya no pueden hablar. Mi nombre es May
García y estáis escuchando Dosier Criminal. Amanda había crecido en China,
era hija única y desde pequeña había sido una estudiante aplicada, responsable,
(03:41):
con un carácter tranquilo y sin grandes extravagancias. Quienes la
conocieron la describían como una joven reservada, muy centrada en
sus estudios y con un tipo de sonrisa discreta que
no llamaba la atención. Sus padres eran humildes, habían hecho
Esfuerzos enormes para que Amanda pudiera recibir una educación que
(04:06):
le abriera más oportunidades. En casa no había lujos, pero
así había esperanza, y parte de esa esperanza estaba puesta
en ella. Cuando Amanda cumplió los 21 años, sus padres aceptaron
que se fuera a estudiar a Canadá. Iba a ser
solo por un tiempo, para mejorar su inglés en un
(04:28):
colegio privado, a las afueras de Vancouver, donde se concentraban
muchos estudiantes internacionales. Pero Amanda no viajaba sola, viajaba con
su novio, con Li, también estudiante chino, que ya había
pasado un tiempo en Canadá. La familia sabía de su relación,
(04:48):
pero no en detalle. Sabía que se gustaban, que compartían metas,
pero no sabían todo. Lee era, en apariencia, un chico callado,
inteligente y con modales tranquilos. No parecía alguien agresivo ni descontrolado.
Era un perfil habitual entre los estudiantes internacionales, alguien que
(05:13):
se movía entre la disciplina académica y la presión por
estar a la altura de las expectativas familiares. Pero con
el tiempo, algunos detalles empezaron a dibujar otra figura. En Vancouver,
Amanda y Lee compartían un apartamento en una zona residencial
(05:34):
bastante tranquila. Él Estudiaba informática en el mismo entorno educativo.
En la superficie llevaban una vida de pareja joven en
el extranjero, entre clases, cafés y paseos. Amanda llamaba a
sus padres con frecuencia. Contaba que todo iba bien, aunque
(05:56):
a veces se notaba cansada. Las llamadas eran breves. Desde
su llegada en julio del año 2002 hasta el día de
su desaparición, pasaron solo tres meses. Muy poco tiempo, pero
suficiente para que algo se torciera. En esas semanas previas
(06:18):
a la tragedia, según reconstruyeron los investigadores más tarde, hubo discusiones.
Pequeñas tensiones de pareja, diferencias de carácter. pero nada que
pareciera anticipar su tragedia, ni siquiera para sus amigas más cercanas.
Amanda tenía una red muy reducida de contactos en Vancouver.
(06:40):
Sobre todo, entre estudiantes chinos, mantenía su rutina. No salía mucho,
no parecía estar asustada ni angustiada. Simplemente estaba construyendo su vida, adaptándose.
hasta que el 9 de octubre del año 2002 desapareció. Lee fue quien,
(07:02):
con frialdad casi quirúrgica, informó de que Amanda había salido
esa tarde a comprar y que no había vuelto. Dijo
que la esperó, que pensaba que quizás se había ido
con amigas, pero que no sabía nada más. La policía
fue notificada. Las autoridades locales iniciaron la búsqueda. Al principio
(07:26):
con cautela. Era una estudiante internacional y quizás se había
alejado por su propia voluntad. Nada indicaba todavía que se
tratara de un crimen. Amanda no tenía un historial como
para desaparecer, no tenía redes sociales, no había movimientos bancarios
(07:46):
desde ese día, no respondía a los mensajes y no
volvió al piso. Y sobre todo, su familia en China
llevaba días sin saber nada de ella. Una semana pasó
sin rastro y sin una pista clara. Y fue entonces
cuando la desaparición dejó de ser una simple ausencia y
(08:09):
se convirtió en un caso criminal. Once días después de
su desaparición, el 20 de octubre, una pareja que paseaba por
el lago Esteve, en una zona boscosa a unos 65 kilómetros
de Vancouver, encontró una maleta. Era pesada y no parecía
haber sido tirada, sino colocada con cierto cuidado. Cuando las
(08:34):
autoridades la abrieron confirmaron lo peor. Dentro estaba el cuerpo
de Amanda. Había sido estrangulada. Su cuerpo mostraba signos de
muerte por asfixia y había sido envuelta de forma rudimentaria
antes de ser metida en la maleta. Las autoridades a
(08:55):
partir de ese momento pasaron de la búsqueda a la
investigación por homicidio. Y como suele ocurrir en estos casos,
miraron primero al círculo más cercano. Su novio Lee fue
llamado a declarar y mantuvo su versión, que Amanda había
salido y que nunca había vuelto. A los pocos días
(09:19):
abandonó Canadá y volvió a China. Legalmente no estaba bajo arresto,
no había pruebas suficientes en ese momento para retenerlo. Pero
su salida marcó un punto de inflexión. Porque a partir
de ahí, el caso se transformó. Ya no era solo
una investigación de asesinato. Era una persecución sin fronteras. Un
(09:43):
intento de buscar justicia a través de dos países que
no compartían los mismos códigos ni la misma voluntad de colaborar.
Y fue entonces cuando Amanda, esta joven estudiante que soñaba
con aprender inglés y encontrar su lugar en el mundo,
se convirtió en un nombre que empezaría a circular entre
(10:05):
despachos consulares, fiscales frustrados y familias rotas por el silencio.
El hallazgo del cuerpo de Amanda en aquella maleta marcó
el punto de no retorno. A partir de ese momento,
Para la policía canadiense no había duda, estaban ante un homicidio.
(10:26):
Un asesinato cometido de forma deliberada, aunque todavía sin saber
con qué móvil, con qué impulso y con qué lógica.
Pero lo que sí sabían era que Amanda había muerto
por estrangulamiento y que alguien había intentado ocultar el cuerpo,
lejos del entorno urbano. La investigación se centró de inmediato
(10:50):
en el entorno más cercano de Amanda. Y eso, inevitablemente,
significaba mirar a Lee. No solo era su pareja, sino
también la última persona que la había visto con vida.
Él vivía con ella, compartía espacio y compartía rutinas. Lo
conocía todo de Amanda, pero cuando fue llamado a declarar,
(11:11):
se limitó a repetir una versión sencilla, que Amanda había
salido de casa para hacer compra y no había vuelto.
Que él la esperó. Que no sabía más. Tampoco mostró angustia.
No preguntó por el estado de la investigación. Y no
mostró preocupación. La policía, sin embargo, ya tenía sospechas. Había
(11:35):
contradicciones sutiles. Incongruencias en los tiempos. Pero sobre todo había
algo más poderoso que cualquier testimonio. El instinto de los investigadores.
Y su experiencia les decía que algo no cuadraba. La
relación entre Amanda y Lee no había sido tan idílica
como parecía. Algunas personas cercanas a la pareja empezaron a hablar.
(12:00):
Hablaron de control, de celos, de un carácter más dominante
por parte de él. Pero nada lo suficientemente contundente como
para constituir una prueba. Pero sí suficiente para que las
autoridades supieran... que tenían que seguir por ahí. Y entonces,
de forma inesperada, Li hizo algo que lo cambió todo.
(12:25):
Volvió a China. No huyó en mitad de la noche
y no escapó por rutas ilegales. Simplemente se subió a
un avión y regresó a su país de origen. Legalmente
en ese momento no había cargos en su contra, nadie
podía detenerlo, pero su partida marcó un giro, porque desde
ese instante, aunque la investigación siguiera en Canadá, el principal
(12:50):
sospechoso ya no estaba. La presión mediática comenzó a crecer
en Canadá. El caso empezaba a resonar como un ejemplo
de cómo la justicia podría frustrarse por la burocracia internacional.
Se pedía que China colaborara, que aceptara el peso de
la evidencia, que permitiera que el sospechoso fuera juzgado donde
(13:15):
se cometió el crimen. Pero eso no era tan sencillo.
China no extraditaba a sus ciudadanos. Y Li nació en Pekín.
Estaba ya protegido por su pasaporte y por las leyes
de su país. Durante meses, la policía canadiense mantuvo la
presión diplomática. La policía Elaboró un expediente completo con toda
(13:40):
la información del caso. Lo entregaron a las autoridades chinas
con una solicitud formal, que se investigara y se juzgara
a Li en China. A falta de extradición, esa era
la única vía legal posible. Y entonces sucedió algo inesperado.
(14:01):
En el año 2004, dos años después del crimen, Li fue
arrestado por las autoridades chinas. Pero no por asesinato. Fue
acusado de homicidio involuntario. La versión presentada en China era distinta.
Allí Li confesó que la muerte de Amanda había sido
un accidente. Según su nuevo relato, Discutieron, se empujaron, ella cayó,
(14:27):
perdió el conocimiento y murió. Asustado, la metió en la
maleta y la abandonó en el bosque. Pero esa versión
no coincidía con las pruebas canadienses. En Canadá, los fonenses
concluyeron que Amanda había sido estrangulada, con una cuerda o
con una sábana, pero que no había sido una caída,
(14:50):
que sí hubo intención, que se trataba de un acto
deliberado Pero en China la narrativa era otra y la
justicia china aceptó ese nuevo relato. El juicio celebrado en
Pekín fue cerrado al público. No se permitió la participación
de testigos canadienses. No se aceptó como prueba todo el
(15:13):
expediente armado por la policía de Vancouver. La familia de
Amanda fue informada de los procedimientos, pero sin posibilidades reales
de intervenir. Y la sentencia fue clara, homicidio involuntario, con
una condena de siete años de prisión, una pena que
muchos consideran escandalosamente baja para la gravedad del crimen. Lee
(15:39):
fue condenado en el año 2009, siete años después de la
muerte de Amanda, pero en el año 2011 su pena fue
reducida a cinco años por buena conducta y arrepentimiento. Salió
de prisión en el año 2012. Es decir, 10 años después del crimen,
el principal sospechoso estaba libre. Y Amanda, enterrada en su
(16:02):
ciudad natal, seguía esperando una justicia que para muchos nunca llegó.
Lee vive en libertad, ha mantenido un perfil bajo, no
ha dado entrevistas, no ha hablado públicamente del caso, no
se le conoce ningún gesto de reparación o de reconocimiento
hacia la familia de Amanda. Legalmente ya no tiene cuentas pendientes,
(16:27):
pero socialmente hay quienes siguen viéndolo como un hombre que
logró esquivar el peso real de lo que hizo. Y
no por su habilidad, sino por la estructura legal que
lo protegió. Y entonces, cuando volvemos a mirar la historia
desde una cierta distancia, nos preguntamos,¿ se puede considerar que
(16:50):
este caso tuvo justicia? Técnicamente hubo una condena, se cumplió
una pena, se cerró un expediente, pero lo esencial, Amanda
no tuvo la justicia que se merecía, no se contó
toda su historia completa en el juicio. No se respetó
(17:10):
el valor de las pruebas y, sobre todo, no se
reparó a quienes la querían. Por eso, contar su historia
no solo es un acto de memoria, es una forma
de decir que Amanda existió, que su vida tenía valor,
que su muerte no fue solo un accidente, ni una estadística,
(17:33):
ni un conflicto entre países. Fue un crimen y como
tal merece ser recordada, con respeto y con la claridad
que a veces falta en los tribunales. Hasta aquí el
episodio de hoy. Si te ha gustado, suscríbete y comparte
este espacio con quienes creen que estas historias merecen ser contadas.
(17:58):
Gracias por acompañarme y nos vemos en el siguiente episodio
de Dosier Criminal. Pero recuerda que mientras falte una respuesta,
la historia no ha terminado.