Episode Transcript
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Speaker 2 (00:06):
En el verano del año 2008, Mahón vivía lo que para
muchos era una rutina insular, marcada por el turismo, la
calma del puerto y el calor mediterráneo. Una ciudad pequeña,
de calles estrechas y fachadas encaladas, donde todo el mundo
cree conocer a todos. Un lugar donde los crímenes graves
(00:27):
son raros y cuando ocurren, dejan cicatrices que tardan años
en cerrarse. Pero aquel año, sin que nadie lo supiera,
se estaba escribiendo el prólogo de uno de los sucesos
más desconcertantes y dolorosos de la historia reciente de Baleares.
Un hecho que no sólo acabaría en los tribunales, sino
(00:50):
que también obligaría a vecinos, investigadores y jueces a enfrentarse
a una pregunta incómoda.¿ Qué ocurre cuando el peligro no
viene de un desconocido, sino de alguien que debería ofrecer
cuidado y protección? La historia que vamos a contar no
(01:11):
empieza con un hallazgo macabro en un barranco, aunque esa
sea la imagen que muchos tuvieron cuando los medios hicieron
eco de la noticia. Empieza antes, mucho antes, en la
intimidad de un hogar, en una relación madre-hijo. que a
ojos de los demás no llamaba demasiado la atención. Bienvenidos
(01:35):
a un nuevo episodio de Dosier Criminal. Aquí cada caso
es más que un crimen. Es una historia marcada por
el misterio, el silencio y verdades que esperan ser contadas.
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Así me ayudas a seguir dando voz a quienes ya
no pueden hablar. Mi nombre es May García y estáis
(01:59):
escuchando Dosier Criminal. El niño se llamaba César, tenía nueve años.
Y como cualquier otro niño de su edad, iba al colegio.
Tenía sus aficiones y sus rutinas. Y estaba bajo el
cuidado de su madre, Mónica Fernández. No había denuncias previas
(02:21):
que alertaran de un riesgo inminente. No había visitas de
los servicios sociales ni informes escolares que indicasen un peligro evidente.
Y sin embargo, en algún punto, algo se rompió de
forma irreversible. Dos años después de aquel verano, en noviembre
(02:42):
del año 2010, el azar llevó a dos personas a descubrir
entre la vegetación de un paraje de cala vinidalí una
maleta roja de gran tamaño. Dentro encontraron lo que quedaba
del pequeño César. Habían pasado más de 700 días desde que
(03:03):
desapareció de la vida de todos. Y durante ese tiempo
su madre había logrado mantener una mentira que nadie supo cuestionar.
En Mahón vivían Mónica Fernández y su hijo César. La
casa estaba situada en una zona modesta, no lejos de
(03:24):
los servicios básicos y de las rutas escolares. Y desde fuera,
nada llamaba especialmente la atención. Mónica no era una figura
conocida ni en el barrio ni en la isla. Había
nacido en Galicia y su llegada a Menorca no había
sido fruto del turismo, sino de una búsqueda de estabilidad.
(03:47):
Tenía unos treinta y pocos años, un carácter más bien
reservado y una red social limitada. No formaba parte de
asociaciones locales, no frecuentaba bares ni peñas y no parecía
tener un grupo sólido de amigos. Para la mayoría de
los vecinos, era la madre de ese niño, que veían
(04:08):
ir y venir al colegio. No hay constancia de que
tuviera antecedentes penales, ni de que los servicios sociales hubieran
intervenido previamente en su vida. Tampoco había indicios de violencia,
que hubieran disparado alarmas institucionales. Era, al menos en apariencia,
(04:29):
una mujer que llevaba una vida discreta. Su relación con
el padre de César se había roto. No estaba presente
en el día a día del niño y no consta
que tuviera contacto frecuente con él. La custodia, la convivencia
y la escolarización, todo quedaba en manos de Mónica. En
(04:53):
el año 2008, César tenía nueve años. Estaba en una edad
en la que la curiosidad y la energía empezaban a
convivir con las primeras nociones de independencia. Era un niño delgado,
con rasgos infantiles, y como muchos de su edad, dividía
su mundo entre el colegio, el hogar y sus aficiones.
(05:15):
Le gustaban los cómics, tenía algunos juguetes preferidos y una
maleta roja en la que guardaba cosas cuando viajaba o
jugaba a irse de excursión por la casa. En la
escuela no era conflictivo, no destacaba especialmente en lo académico,
pero tampoco estaba en riesgo de fracaso escolar. Tenía amigos,
(05:38):
aunque quizá no era el más extrovertido. Y lo más importante, nadie,
ni profesores ni compañeros, parecían tener una sospecha sobre lo
que estaba por venir. Desde fuera, la relación de Mónica
y César se percibía como la de una madre soltera
que llevaba la carga de la crianza de su hijo
(05:59):
en solitario. No había un historial conocido de visitas del padre,
ni un círculo de abuelos o tíos que participaran activamente.
Esto significaba que en la práctica la vida del niño
giraba en torno a una sola figura, a la de
su madre. En las ciudades pequeñas, el aislamiento no siempre
(06:23):
significa vivir alejado físicamente. Puede significar no tener redes de confianza,
no dejar que otros se acerquen, no compartir preocupaciones ni
pedir ayuda. Y es probable que Mónica viviese así. Se
ocupaba de César, sí, pero sin una persona que supervisara,
aconsejara o interviniese. La psicología fonense suele advertir que en
(06:49):
entornos así es más difícil que los problemas se puedan
detectar a tiempo. No hay testigos cercanos que noten cambios
de comportamiento. No hay vecinos que puedan alertar de situaciones extrañas.
Si algo empieza a ir mal, puede pasar desapercibido durante
mucho tiempo. Y en el año 2008 nada de esto era evidente.
(07:14):
Para cualquiera que los viera por la calle, Mónica y
César eran una familia pequeña más. Una madre que llevaba
a su hijo al colegio, que hacía las compras, que
se movía en el marco rutinario de la vida en Mahón.
Pero bajo esa normalidad había tensiones invisibles, tensiones que nadie
(07:36):
detectó o que si se detectaron no fueron interpretadas como
un riesgo. Lo que sí sabemos es que, en algún
momento de ese año, esa calma aparente empezó a romperse.
Y lo hizo sin que hubiera un testigo directo de
ese proceso. La fecha exacta del crimen no se conoce públicamente.
(07:58):
Lo que sí se sabe es que, según la sentencia judicial,
los hechos ocurrieron en julio del año 2008, en la vivienda
que Mónica y César compartían en Mahón. Era una casa modesta,
con una distribución sencilla, salón, dormitorios, baño y cocina. Un
entorno aparentemente común, que ese día se convirtió en el
(08:21):
escenario de un acto irreversible. El tribunal dictaminó que Mónica
actuó de manera permeditada, aunque no necesariamente con una planificación
extensa en el tiempo. Esto significa que no fue un
acto impulsivo fruto de un accidente doméstico, sino que en
algún momento dado tomó la decisión consciente de acabar con
(08:44):
la vida de su hijo. La autopsia determinó que la
causa de la muerte fue asfixia por inmersión. El cuerpo
no presentaba signos de lucha, lo que el tribunal interpretó
como un indicio de que el niño fue sorprendido o
que no tuvo capacidad para reaccionar de forma efectiva. Este
(09:06):
punto fue fundamental para que se le aplicara el agravante
de alevosía. La víctima estaba indefensa y no pudo defenderse.
En la escena del crimen tampoco se encontraron indicios de
consumo de drogas o alcohol por parte de Mónica, lo
que se descartó un atenuante por intoxicación. Tampoco había en
(09:27):
el niño restos de sustancias que sugirieran que había habido
una sedación previa. Para los investigadores, el hecho de que
Mónica no pidiera ayuda ni alertara a nadie tras el
acto fue un indicio más de que no se trató
de un accidente. En lugar de intentar reanimarlo o acudir
(09:47):
a emergencias, su reacción inmediata fue pasar a la fase
de ocultamiento. Mónica cogió la maleta roja de gran tamaño
que había en la casa. En su interior, colocó el
cuerpo de César, junto con algunos de sus objetos personales,
como ropa, cómic y juguetes. Este detalle, para la fiscalía,
(10:09):
era revelador. No se trataba de una ocultación improvisada, en
un contenedor o en una zona próxima, sino de un
empaquetamiento deliberado, que implicaba tiempo y manipulación. La maleta funcionaba.
Según los testigos que luego la encontrarían, tenía un aspecto común,
con ruedas y asas, y lo suficientemente grande como para
(10:33):
contener a un niño de nueve años. Con la maleta cerrada,
Mónica se desplazó hasta la Cala Vinidalí, una zona de
costa a unos 12 kilómetros de Mahón, conocida por su paisaje
rocoso y su vegetación baja. El punto concreto del hallazgo,
un barranco apartado, no era un lugar de paso frecuente.
(10:56):
Esto sugiere que conocía la zona o había escogido el
sitio con la intención de dificultar el hallazgo. El cuerpo
quedó allí, en aquel paraje, mientras que Mónica mantendría durante
dos años la afición de que César seguía vivo. Tras
(11:17):
abandonar la maleta, Mónica regresó a su vida cotidiana. No
hubo denuncia de desaparición interpropuesta por ella ni por familiares cercanos.
Esto era clave. Al no existir una alerta formal, las
fuerzas de seguridad no iniciaron ninguna búsqueda. Para el resto
del mundo, César simplemente dejó de estar presente, pero nadie
(11:40):
en su entorno tenía los datos suficientes para preguntarse por qué.
Durante los días y semanas siguientes, Mónica sostuvo el relato
de que su hijo estaba bien, aunque no conviviera con
ella de manera visible. Al no haber un padre activo
en su crianza ni una red familiar que lo reclamara,
(12:01):
esa versión no fue cuestionada. No tenemos constancia de que
Mónica contara solo una historia. Más bien, parecía que Mónica
ajustaba su relato según el interlocutor. En algunos casos, insinuaba
que César estaba con familiares. En otros, que se encontraba
(12:21):
en otra ciudad. Y como el contacto social de Mónica
era reducido, nadie parecía seguir el rastro de esa versión,
con suficiente insistencia como para derrumbarla. En España, la desaparición
de un menor suele activar automáticamente a las fuerzas de seguridad,
pero eso solo ocurre si alguien denuncia, y en este
(12:44):
caso nadie lo hizo. El padre no residía con el
niño ni mantenía una relación regular. No había abuelos u
otros parientes que ejercieran un papel de vigilante. Ni siquiera
los vecinos tenían un contacto suficiente como para percibir una
desaparición como algo sospechoso. Es una de las paradojas más
(13:07):
duras de este caso. La soledad social de Mónica se
convirtió en una barrera para que la desaparición de César
nunca fuera detectada. Sostener una mentira durante dos años requiere
control emocional y una estrategia básica, incluso si no se
es consciente. En psicología criminal se han estudiado casos en
(13:31):
los que el autor del crimen, al no tener que
enfrentarse a preguntas constantes, simplemente integra esa mentira dentro de
su vida diaria. El tiempo, en vez de ser un obstáculo,
se convierte en un aliado. Cuanto más tiempo pasa sin
que se cuestione la versión, más normal le parece a
los demás. Mientras tanto, la maleta roja permanecía allí, resistiendo
(13:58):
al paso de las estaciones. El clima menorquín y la
ubicación en una zona apartada contribuyeron a que el contenido
no fuera descubierto. El olor, que en fases tempranas podría
haber sido perceptible, se disipó rápidamente en el entorno abierto
y con viento frecuente. Dos años son mucho tiempo, lo
(14:23):
suficiente para que la vegetación crezca y oculte más aún
un objeto abandonado. Lo suficiente para que la memoria de
un niño llamado César se fuera borrando de la vida
pública de Mahón, hasta convertirse, para muchos, en una figura
del pasado o un recuerdo impreciso. Y así habría seguido todo,
(14:47):
de no ser por un hecho puramente fortuito. En noviembre
del año 2010, dos hermanos que trabajaban limpiando un terreno en
la zona de la Cala Binidalí, encontraron la maleta. No
estaban buscando nada, simplemente en medio de la labor de
desbroce y retirada de objetos, se toparon con aquel gran bulto,
(15:09):
fuera de lugar. Lo que encontraron al abrirla detuvo cualquier
actividad y de inmediato llamaron a la policía. Lo que
encontraron no era una maleta cualquiera. Estaba sucia, con signos
de haber pasado años a la intemperie, pero aún conservaba
(15:32):
su estructura. Tenía cierre de cremallera y era lo bastante
grande como para despertar la curiosidad. Al intentar moverla, notaron
que pesaba más de lo que debería si estuviera vacía
o llena de ropa vieja. En ese momento no hay
testimonios exactos de lo que pensaron, pero sí se sabe
(15:53):
que al abrirla se encontraron con un contenido que los
dejó sin aliento. Restos humanos, envueltos junto con ropa, cómic
y juguetes infantiles. La sorpresa inicial dio paso rápidamente al
shock y de ahí a la llamada inmediata a la
Guardia Civil. La primera patrulla llegó al lugar en pocos minutos.
(16:17):
Al confirmar que se trataba de restos humanos, se activó
el protocolo de homicidio. Esto implicó acordonar la zona, impedir
el acceso a curiosos y preservar la maleta tal y
como se había encontrado, para que la policía judicial pudiera
examinar con precisión. Se tomaron fotografías, se registró la posición
(16:39):
exacta mediante coordenadas GPS y se comenzó la recogida de indicios.
Cada objeto que estaba dentro de la maleta fue etiquetado
y embalado para su análisis posterior. Los forenses que acudieron
al lugar confirmaron que el cuerpo pertenecía a un menor
y que estaba en estado avanzado de descomposición. Después de
(17:04):
más de dos años, una gran parte de los tejidos
blandos había desaparecido y lo que quedaba eran restos óseos,
cabellos y algunos fragmentos momificados. Este estado dificultaba mucho la
identificación inmediata. No se podía recurrir al reconocimiento visual ni
(17:26):
a huellas dactilares. Era necesario un trabajo de laboratorio para
establecer la identidad. En ese momento, la policía trabajaba con
un abanico amplio de posibilidades. Podía tratarse de un menor
desaparecido en Menorca. Podía ser un niño traído de fuera
(17:46):
y abandonado allí. El hecho de que hubiera objetos personales
infantiles junto al cuerpo sugería que el asesino no había
querido separar las pertenencias de la víctima. Esto, para los investigadores,
podía ser un indicio de que había un vínculo emocional
previo entre ambos. El cuerpo fue trasladado al Instituto Anatómico
(18:11):
Forense de Palma. Allí se extrajeron muestras óseas y dentales
para su análisis. El ADN se comparó con bases de
datos nacionales de personas desaparecidas y, sobre todo, con familiares
de menores que pudieran encajar en el perfil. La conexión
(18:32):
llegó a través de una búsqueda más local. El cruce
de datos con registros escolares y municipales mostró que César,
un niño que había estado matriculado en un colegio de Mahón,
había desaparecido de forma no documentada en el año 2008. No
constaba baja escolar formal ni traslado administrativo. Al no haber denuncia,
(18:55):
su nombre no figuraba como desaparecido. pero sí como fuera
del sistema desde hacía dos años. Cuando se obtuvo el
ADN de la madre biológica, de Mónica, la coincidencia fue plena.
Los restos encontrados eran de su hijo César. En cualquier investigación,
(19:16):
el círculo más cercano a la víctima es el primero
en ser examinado. Y en este caso, la primera y
principal persona en ese círculo era Mónica. Cuando la Guardia
Civil la localizó y le informó del hallazgo, su reacción
inicial fue alegar que había encontrado a su hijo muerto
en casa y que por miedo había decidido ocultar el
(19:37):
cuerpo en la maleta. No dio aviso a nadie, no
llamó a emergencias y no comunicó el hecho a sus familiares.
Esa versión no convenció a los investigadores. La ausencia de
signos de muerte natural, el hecho de que el niño
fuera hallado con objetos personales y la clara manipulación post-mortem
(19:59):
encajaban más con un homicidio deliberado que con un episodio accidental.
Con las pruebas de ADN, el testimonio de Mónica y
la evidencia física de la maleta, la Guardia Civil procedió
a su detención formal. El caso pasaba, así, de una
incógnita en un barranco a un proceso judicial con una
(20:23):
acusada concreta. Cuando Mónica fue interrogada por primera vez, no
negó que los restos hallados en la maleta fueran de
su hijo. Su línea defensiva se centró en otra afirmación.
Dijo que había encontrado a César muerto en su domicilio
y que, presa del pánico, decidió ocultar el cadáver. alegó
(20:43):
miedo a las consecuencias y a una incapacidad para afrontar
la situación. Esta fue una versión extraña desde el principio.
No había antecedentes de violencia doméstica registrados, ni un motivo
aparente de que un accidente mortal fuera ocultado. Pero más
allá de la intuición, la Guardia Civil necesitaba pruebas para
(21:06):
confirmar o desmentir su relato. La autopsia, aunque complicada por
el estado de los huesos, tras más de dos años,
logró establecer varios puntos clave. El análisis de los huesos
y tejidos conservados permitió concluir que la causa más probable
(21:26):
había sido la asfixia por inmersión, es decir, ahogamiento. Esto
coincidía con la hipótesis de que el crimen se había
cometido en una bañera o similar. No había indicios de
patología natural que justificara un fallecimiento repentino. La probabilidad de
(21:46):
que un niño sano de 9 años muriera de forma súbita
era muy baja y no había evidencia que apoyara esa posibilidad.
La ausencia de algunos huesos se explicó por la degradación
y dispersión natural del material óseo durante dos años en
un entorno abierto. y no se encontraron lesiones defensivas en
(22:12):
los huesos, lo que indicaba que el niño no se
había podido defender. Esto podía deberse a que fue sorprendido
o a que no tuvo la oportunidad física de reaccionar.
La reconstrucción policial y judicial situó los hechos en el
baño de la vivienda. Mónica habría ahogado a César en
(22:33):
la bañera, aprovechando que estaba solo con ella y que
no podía escapar ni pedir ayuda. Y una vez consumado
el acto, secó el cuerpo lo suficiente como para manipularlo
y lo introdujo en la maleta roja, junto con objetos
personales que pertenecían al niño. Este detalle fue interpretado por
(22:54):
la acusación como un intento de enterrar simbólicamente una parte
de la vida del menor, pero también como un indicio
de que había tiempo y calma para preparar el traslado.
El hallazgo de la maleta en la Cala Vinidalí planteó
una pregunta clave.¿ Cómo y cuándo se trasladó allí? La
(23:18):
zona es de difícil acceso en algunos tramos, pero no
está tan apartada como para que se requiera un gran
esfuerzo logístico. Lo más probable es que Mónica lo transportara
en un vehículo privado, aprovechando que el lugar era poco
transitado y que en verano podía pasar desapercibida entre la
(23:38):
actividad turística. El abandono en un paraje natural no era
un error, sino una decisión pensada para dificultar el hallazgo.
La maleta no estaba enterrada, pero la vegetación y la
lejanía de las rutas habituales reducían mucho la probabilidad de descubrimiento.
(24:00):
Los investigadores encontraron varios elementos que contradecían el relato de Mónica.
Si fue un hallazgo casual de un cuerpo sin vida,¿
por qué no llamó a emergencias ni buscó ayuda? Si
fue una muerte súbita o accidental,¿ por qué llevan el
cuerpo a un barranco y lo dejan allí durante años?
(24:26):
Y si actuó por miedo,¿ por qué durante dos años
sostuvo una mentira sobre la situación de su hijo en
lugar de confesar? Con estos elementos, la acusación articuló los
cargos de asesinato con alevosía y parentesco. Cuando la prensa
se hizo eco de la historia, el caso se convirtió
(24:48):
en los que algunos titulares llamaron el niño de la maleta.
El juicio se celebró en la Audiencia Provincial de Palma
de Mallorca en octubre del año 2012, más de cuatro años
después del crimen y casi dos años después del hallazgo
de la maleta. En el banquillo se sentaba Mónica, acusada
(25:12):
formalmente de asesinato con alevosía y parentesco. La Fiscalía pedía 20
años de prisión, la pena máxima posible para este tipo
penal en aquel momento. la fiscalía y la acusación particular
ejercida en representación del padre biológico de César presentaron un
(25:33):
relato claro y lineal. En julio del año 2008, Mónica ahogó
a su hijo en la bañera de su domicilio. Introdujo
el cuerpo en una maleta roja, junto con objetos personales
del niño. Trasladó la maleta a un paraje y allí
lo abandonó. Durante dos años ocultó la desaparición del menor,
(25:54):
manteniendo versiones falsas para evitar sospechas. Los elementos claves para
la acusación fueron el informe forense que apuntaba el ahogamiento
como causa de la muerte, la ausencia de patología natural,
la evidencia del traslado y ocultamiento deliberado, y el agravante
(26:16):
de parentesco y la alevosía por indefensión. En cuanto a
la defensa, la estrategia que utilizó fue insistir en que
no hubo asesinato, sino una reacción errónea y desesperada ante
la muerte súbita del niño. Según la defensa, Mónica había
(26:36):
encontrado a César sin vida sin saber la causa. Temió
ser acusada injustamente de su muerte y actuó de forma
irracional al ocultar el cuervo. La defensa pidió la absolución y,
en su lugar, una condena por encubrimiento o ocultación del cadáver,
(26:57):
con una pena mucho menor. El tribunal escuchó a forenses,
agentes de la Guardia Civil y testigos indirectos. Los forenses
confirmaron que la causa de la muerte había sido la
asfixia por inmersión y que la víctima no presentaba lesiones defensivas.
(27:18):
Los agentes detallaron la cadena de custodia de la maleta,
el lugar del hallazgo y cómo se llegó a la
identificación del menor. Y los expertos en psicología criminal hablaron
del patrón de comportamiento de Mónica tras los hechos, señalando
que el mantenimiento prolongado de la mentira era incompatible con
(27:40):
una reacción de pánico momentáneo. Uno de los puntos de
mayor tensión en el juicio fue cuando la Fiscalía preguntó
directamente a Mónica por qué no había llamado a emergencias
si había encontrado a su hijo muerto. La respuesta de
Mónica fue vaga. Habló de miedo y confusión, pero no
(28:01):
aportó una razón lógica para el tribunal. Otro momento relevante
fue la lectura de las conclusiones forenses. La ausencia de
enfermedad previa y el tiempo necesario para introducir el cuerpo
en la maleta junto con objetos personales y el traslado
a una zona apartada dibujaban un escenario de frialdad incompatible
(28:26):
con una muerte accidental. La sentencia emitida el 1 de noviembre
del año 2012, declaró a Mónica culpable del asesinato con alevosía
y parentesco, imponiéndole la pena de 20 años de prisión. El
tribunal fundamentó su decisión en tres puntos clave. La existencia
(28:50):
de alevosía. El niño no tuvo posibilidad de defenderse. El
vínculo de parentesco. La condición de madre agrava la responsabilidad.
Y el ocultamiento deliberado. La sentencia no aceptó la tesis
de la defensa de que se tratara de una muerte accidental,
seguida de encubrimiento. La condena incluyó la obligación de indemnizar
(29:17):
al padre biológico de César y Mónica ingresó en prisión
para cumplir la pena, sin beneficios inmediatos de reducción, dado
el tipo de delito. El caso quedó así cerrado judicialmente.
Pero si no hubiera sido por un hallazgo fortuito, es
(29:39):
probable que la historia de César no hubiera llegado nunca
a los tribunales. La maleta roja podría haberse ido oculta
durante años o haberse degradado hasta el punto de imposibilitar
la identificación. Ese azar fue lo que rompió el silencio.
(30:00):
Hasta aquí el episodio de hoy. Si te ha gustado,
suscríbete y comparte este espacio con quienes creen que estas
historias merecen ser contadas. Gracias por acompañarme y nos vemos
en el siguiente episodio de Dosier Criminal. Pero recuerda que
mientras falta una respuesta, la historia no ha terminado.