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December 11, 2025 34 mins
El 18 de diciembre de 2011, Phoenix Coldon salió de la entrada de su casa en Missouri. Veinte minutos después, su coche apareció abandonado y encendido en una calle de East St. Louis. Desde entonces, nadie la ha vuelto a ver. Sin testigos, sin pruebas forenses, sin despedida. Este podcast reconstruye su historia con rigor y profundidad, desde su vida personal hasta las múltiples teorías que intentaron explicar su desaparición. Un caso que no solo expone el misterio de una joven que se desvaneció, sino también las grietas del sistema que debía encontrarla.
Mark as Played
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Episode Transcript

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Speaker 2 (00:07):
Hay momentos que comienzan sin avisar, sin ruido ni señales evidentes.
Un día más que transcurre con la normalidad aparente de siempre,
una rutina que parece inmutable, hasta que algo se quiebra.
A veces las desapariciones no son abruptas ni violentas, son

(00:29):
pausas invisibles, perdidas, que no golpean con fuerza, pero que
no dejan de inquietar. Un paradero que se borra sin explicación.
Un rastro que se esfuma sin dejar huellas claras. Una
vida que se detiene sin cerrar el capítulo. Y lo
más inquietante es la incertidumbre. Esa pregunta que crece en

(00:52):
la nada, que no encuentra respuesta ni consuelo. Hoy vamos
a escuchar la historia de alguien que a primera vista
parecía tener un camino definido. Una joven con familia, con
proyectos y con una vida por delante. Nadie espera que
algo así pudiera pasarle a ella. Sin embargo, en diciembre

(01:16):
del año 2011, Fanny Scaldon desapareció sin dejar pistas. Su camioneta
fue encontrada abandonada, con sus pertenencias intactas, pero ella no estaba.
Desde entonces, la búsqueda no ha cesado Pero la verdad
sigue siendo un misterio. Bienvenidos a un nuevo episodio de

(01:42):
Dosier Criminal. Aquí cada caso es más que un crimen.
Es una historia marcada por el misterio, el silencio y
verdades que esperan ser contadas. Si te gusta este contenido,
suscríbete y deja tu like. Así me ayudas a seguir
dando voz a quienes ya no pueden hablar. Mi nombre

(02:04):
es May García y estáis escuchando Dosier Criminal. Fénix Lucille
Coldon nació y creció en un entorno que, aunque con
sus complejidades, ofrecía cierta estabilidad. Provenía de una familia numerosa,
profundamente religiosa y con fuentes raíces en su comunidad. La

(02:27):
familia Coldon era conocida por su dedicación a la fe
y a los valores tradicionales. Y Fénix, desde joven, mostró
un carácter reservado, una personalidad reflexiva, pero también un fuerte
sentido de la responsabilidad. Su educación fue mayormente en casa,

(02:48):
un aspecto importante para comprender su mundo interior y la
manera en que se relacionaba con su entorno. En un
contexto donde la educación doméstica responde tanto a convicciones religiosas
como a la búsqueda de protección espiritual, Frente a influencias externas,
Fénix desarrolló habilidades intelectuales destacadas y mantuvo un perfil bajo,

(03:11):
evitando conflictos y manteniéndose cerca de la familia. En diciembre
del año 2011, Fénix estaba a punto de cumplir 24 años y
como muchos jóvenes de su edad, atravesaba un momento de transición.
Había completado estudios universitarios y se preparaba para los próximos

(03:33):
pasos en su vida personal y profesional. Su entorno familiar
describe a una mujer con metas claras, comprometida con su
comunidad y con un futuro por delante que parecía prometedor.
Pero justo en ese momento, una serie de acontecimientos comenzaron
a marcar un quiebro. No se trató de un evento

(03:57):
puntual que anunciara la tragedia, sino de una cadena sutil
de señales Pequeñas fracturas que a simple vista podrían pasar desapercibidas,
pero que en un conjunto revelaban una realidad diferente a
la imagen pública. El domingo 18 de diciembre del año 2011, Fénix

(04:20):
se encontraba en su hogar, en Spanish Lake, en Missouri,
situado en el condado de San Luis. Conocido por sus
contrastes sociales y económicos, donde comunidades afroamericanas enfrentan desafíos estructurales
vinculados a la pobreza y a la desigualdad. Esa mañana

(04:42):
no hubo señales que alertaran a su familia de que
algo fuera a cambiar. Fénix entonces tenía 23 años, tenía planes
rutinarios y no manifestó intenciones especiales. Fénix cogió su camioneta.
Y se sabe, por declaraciones de familiares, que salió de

(05:03):
casa sin su bolso, sin sus documentos personales ni sus gafas.
Estos elementos eran parte de sus objetos cotidianos y nunca
los dejaba de forma habitual. Tampoco llevaba puestos sus zapatos.
Fue un dato que llamó la atención cuando más tarde
se hallaron sus pertenencias. Pero estos indicios sugieren que no

(05:26):
planeaba alejarse de manera consciente o planificada. No existen registros
oficiales de llamadas o mensajes enviados desde su teléfono a
partir de esa mañana. Tampoco hubo actividad bancaria o en
redes sociales, lo cual generó la primera alerta para sus familiares,

(05:47):
quienes intentaron comunicarse con ella pero sin éxito. A las
cinco y media de la tarde, la policía de San
Luis recibió un aviso de un vehículo abandonado en una
de las zonas conocidas por su alto índice de criminalidad
y problemas sociales. El coche fue encontrado con la puerta

(06:07):
del conductor abierta y estacionada. Pero las primeras informaciones indicaban
que el motor podría estar encendido. Pero una inspección más
detallada desmintió esa versión. La camioneta estaba apagada en el
momento del hallazgo, descartando así la posibilidad de un abandono

(06:28):
precipitado o una emergencia inmediata que hubiera requerido dejar el
vehículo en marcha. Legalmente, la situación se presentó compleja. La
camioneta fue hallada en Illinois, mientras que Fénix era residente
de Missouri. Esto generó una coordinación entre departamentos policiales de

(06:51):
dos jurisdicciones diferentes. Un proceso que, según la familia, fue
lento y poco eficiente. La frontera entre estados cambió. no
solo era una línea geográfica, sino también un límite administrativo
que en ocasiones dificultó la fluidez de las investigaciones. Además,

(07:12):
la ausencia de registros de actividad posterior en teléfonos, bancos
o redes sociales profundizó el misterio. No hubo ninguna señal
de que Fénix hubiera decidido abandonar su vida. Tampoco se
encontraron cámaras de seguridad que captaran movimientos relevantes en el
área del entorno a donde abandonó el vehículo. Para los padres,

(07:38):
en esos primeros momentos, cuando Fénix no respondía a llamadas
ni a mensajes, pensaron que quizás su hija se había retrasado.
Pero a medida que pasaban las horas y no había señales,
ese silencio comenzó a adquirir peso. Y fue ese mismo día,
en la noche del 18 de diciembre, cuando los Coldon decidieron

(08:01):
contactar con la policía. Pero no fue un proceso inmediato
ni sencillo. La ley de Missouri, como en muchos otros
estados de Estados Unidos, no exige un plazo de espera
para denunciar a una persona desaparecida. Pero eso no impide
que algunas agencias impliquen criterios propios, especialmente si se trata

(08:23):
de adultos. En este caso, la primera respuesta que recibió
la familia fue ambigua. La policía no asumió de inmediato
que Fénix estuviera en peligro. Y aquí aparece un factor
estructural que no puede pasar desapercibido. Las desapariciones de mujeres

(08:43):
negras y jóvenes no suele recibir la misma atención mediática
ni institucional que las mujeres blancas. Y el caso de
Fénix no fue una excepción. A pesar de los datos
preocupantes del vehículo abandonado de las pertenencias intactas y de

(09:03):
la falta de contacto, el nivel de urgencia en la
respuesta inicial fue limitado. Los padres comenzaron desde el primer
día una búsqueda paralela. Llamaron a hospitales, estaciones de policía
y recorrieron lugares donde Fénix podría haber ido. Contactaron con amigos,

(09:25):
compañeros de la iglesia, antiguos conocidos, pero nadie sabía nada.
Nadie la había visto. Fue como si hubiese disuelto sin
dejar una huella. Tres días después de la desaparición, la
familia descubrió por sí misma que el vehículo de Fénix
había sido hallado por la policía de San Luis, el

(09:48):
mismo día de su desaparición. El coche había sido retirado
del lugar y llevado a un depósito. Pero lo más
alarmante es que no había sido vinculado oficialmente con una
persona desaparecida. El registro del vehículo estaba a nombre de
Laurence Conlon, no de Fénix, por lo que se estableció

(10:10):
de inmediato la conexión con su desaparición. Este desajuste técnico,
el hecho de que Fénix no figurara como propietaria legal
del vehículo que conducía, produjo un retraso crítico en los
primeros días de búsqueda. La policía de San Luis había
tratado el caso como la de un vehículo abandonado. No

(10:33):
se recogieron pruebas forenses de inmediato. No se preservó la
escena como un posible indicio de actividad criminal. El coche
fue remolcado, almacenado y luego devuelto a la familia sin
un análisis exhaustivo. Para cuando los padres pudieron acceder al vehículo,
cualquier rastro físico, como huellas, fibras o ADN que pudieran

(10:56):
haber existido, ya se habían perdido o contaminado. La falta
de preservación de evidencia fue un golpe devastador. Los Coldon,
desesperados por respuestas, llevaron el vehículo a un especialista privado
para intentar recuperar datos. Buscaron huellas, rastros de GPS, indicios

(11:18):
de dónde pudo haber estado. Pero ya era tarde. El
rastro se había enfriado en cuestión de días. Durante ese
mismo tiempo, la madre comenzó a organizar campañas de búsqueda.
a imprimir carteles y a contactar con medios locales. Fue
también cuando la familia empezó a notar la falta de

(11:39):
cobertura mediática, mientras que otras desapariciones recibían atención nacional, pero
muchas veces de víctimas blancas de clase media. El caso
de Fénix no alcanzaba más allá de los medios locales.
La familia contrató incluso a investigadores privados, uno de ellos

(12:02):
Fue Joe Delia, con experiencia en casos de personas desaparecidas,
quien desde el principio advirtió que la falta de información
inmediata y la pobre respuesta policial habían mermado seriamente las
posibilidades de encontrar pistas sólidas. Se establecieron líneas telefónicas de denuncia,
se difundieron mensajes en redes sociales y se organizaron vigilias públicas.

(12:28):
Pero los días pasaban sin que nada concreto emergiera. Comenzaron
a circular hipótesis no oficiales, como la fuga voluntaria, el
conflicto familiar, incluso teorías que vinculaban a la trata de personas.
Pero en ninguna de ellas se sostenía con evidencia. Fénix

(12:50):
no tenía antecedentes de conducta errática ni historial de huida.
Vivía en casa con sus padres, asistía a la iglesia
con regularidad, tocaba el violín y, aunque era reservada en
sus emociones, no había señales claras de un quiebre personal.
Durante las primeras semanas tras la desaparición, la familia Coldo

(13:13):
vivía entre llamadas, gestiones y silencios prolongados. Pero como suele
ocurrir en estos casos, cuando la acción exterior no da resultados,
la atención empieza a volcarse hacia el interior.¿ Quién era
realmente Fénix?¿ Qué estaba viviendo en los meses anteriores?¿ Había

(13:34):
señales que no vieron? La imagen pública de Fénix era
la de una joven tranquila, muy reservada, educada, profundamente religiosa
y comprometida con la iglesia. Tocaba el violín con gran habilidad.
Había estudiado en la Universidad de Missouri, donde cursó durante

(13:54):
varios semestres, aunque no completó el grado. Era una alteleta
desde pequeña. Practicó esgrima, y tenía un entorno familiar protector,
sobre todo por parte de su madre. Pero esa imagen
comenzó a matizarse a medida que la familia fue revisando

(14:15):
las pertenencias personales de Fénix en busca de pistas. Lo
que encontraron no fue una respuesta clara, sino un espejo
quebrado que revelaba aspectos desconocidos de su vida emocional. En
su habitación Había cuadernos, anotaciones y fragmentos de diarios personales.

(14:38):
No estaban todos fechados ni ordenados, pero algunos textos daban
cuenta de una joven que atravesaba tensiones internas. En varios
pasajes hablaba de sentirse atrapada, de vivir una doble vida,
de estar buscando su propia voz lejos de las expectativas
que la rodeaban. No soy quienes ellos creen que soy,

(15:01):
decía en unas anotaciones. En otra escribía, estoy cansada de
ocultar quién soy. No hay un contexto claro, ni destinatario definido.
No se trataba de una confesión, sino de pensamientos fragmentados
y a veces contradictorios. Lo que esas notas sugerían era

(15:22):
una joven adulta en conflicto con su entorno. No necesariamente
con su familia de forma explícita, pero sí con el
modelo de vida que se esperaba de ella. La religión,
la comunidad, el sentido del deber, todo eso formaba parte
de su identidad, pero también parecía limitarla. Los investigadores privados,

(15:47):
contratados por la familia, descubrieron algo más. Fénix tenía un
segundo teléfono, uno que su familia no conocía. A diferencia
del número que usaba en casa, Este otro dispositivo no
figuraba en el plan familiar y no estaba registrado bajo
su nombre. La existencia de este teléfono abrió una nueva

(16:09):
línea de investigación, un espacio privado que ella había mantenido
al margen. A través de este dispositivo se confirmaron comunicaciones
con personas fuera del círculo familiar y religioso. Se habló
de posibles amistades nuevas. incluso relaciones personales que Fénix nunca

(16:32):
había compartido en casa. Algunos mensajes, según revelaron más adelante,
tenían un tono emocional intenso. Otros parecían parte de conversaciones
con alguien en quien ella confiaba. No había, sin embargo,
amenazas ni pruebas de que estuviera en peligro. Pero sí

(16:55):
algo claro. Fénix tenía partes de su vida que había
elegido mantener en reserva. Para su familia, y en especial
para su madre, estos hallazgos fueron profundamente desconcertantes. No porque
supieran algo condenable en sí, sino porque revelaban una distancia

(17:15):
emocional que nunca habían percibido.¿ Qué tanto conocían realmente a
su hija?¿ En qué momento había comenzado ese proceso de
separación silenciosa? La situación también abrió preguntas más amplias sobre
las expectativas que muchas veces se depositan sobre los hijos

(17:38):
y cómo esas expectativas pueden silenciar partes esenciales de su subjetividad.
Fénix no parecía estar huyendo de una amenaza concreta, sino
de un desajuste interno entre quién era y quién sentía
que debía de ser. Una amiga de la infancia, con

(17:58):
quien Fénix había retomado contacto poco antes de desaparecer, contó
más tarde que Fénix había hablado de mudarse, de comenzar
de nuevo, de buscar otro tipo de vida. Pero nunca
habló de forma definitiva, no había planes concretos, solo ideas,
deseos a medio formar. Lo que parecía claro es que

(18:22):
Fénix estaba planeando un cambio. No era algo impulsivo ni desorganizado,
sino algo que venía gestándose en silencio desde hacía tiempo.
En este punto del relato, la pregunta se volvía más compleja.
Ya no sólo se trataba de dónde estaba Fénix, sino
también qué buscaba Fénix.¿ Estaba intentando alejarse de algo o

(18:45):
estaba tratando de encontrar algo que sentía perdido? Durante todo
este tiempo, la familia Coldon pasó de esperar respuestas a
tener que fabricarlas. sin un cuerpo, sin pruebas forenses, sin
testigos presenciales ni imágenes de seguridad, el caso se volvió

(19:07):
una incógnita. A cada hipótesis que se generaba le faltaba
una base concreta y a cada posible pista le seguía
una desilusión. La policía del condado de San Luis mantenía
el caso abierto como una desaparición, pero sin considerarlo crimen
ni secuestro, al menos oficialmente. Esta calificación limitaba los recursos.

(19:33):
En Estados Unidos, para que una desaparición de un adulto escale,
debe de haber una evidencia clara de cohesión, violencia o
riesgo inminente. Ninguna de esas condiciones estaba comprobada en el
caso de Phoenix. Por lo tanto, el expediente quedó en
una especie de limbo institucional. Fue en el año 2012. más

(19:59):
de medio año después de la desaparición, cuando el caso
recibió su primer tratamiento mediático a nivel nacional. El canal
de televisión Investigación Discovery, a través del programa Desaparecidos, presentó
un episodio sobre Fénix. La serie, producida por la periodista
y activista de derechos civiles Soledad O'Brien, tenía un propósito claro.

(20:26):
Visibilizar desapariciones de de raza negra ignoradas por los medios principales.
El programa presentó a Fénix no sólo como una joven desaparecida,
sino como un reflejo del sesgo mediático y policial que
afecta a miles de familias afroamericanas en Estados Unidos. Allí

(20:49):
se recuperaron fragmentos de su vida, entrevistas con sus padres,
registros de la camioneta abandonada e incluso los escritos personales
que ella había dejado atrás. Fue un primer paso importante
para introducir el caso en la conciencia colectiva. En ese

(21:09):
mismo año, el FBI comenzó a colaborar con el caso,
pero lo hizo de forma auxiliar, al no haber evidencia
de un delito federal, como secuestro o trata de personas.
La agencia no asumió el liderazgo de la investigación, pero
sin embargo, proporcionó apoyo técnico en el análisis de datos,

(21:31):
búsqueda de comunicaciones y exploración de conexiones digitales. Según los
registros disponibles, no se encontraron transacciones bancarias posteriores a diciembre
del año 2011, ni uso de su número de la Seguridad Social.
Era como si FENIS no existiera más en el sistema.

(21:56):
Los investigadores privados, por su parte, continuaban indagando posibles pistas.
Joe Delia y otros colaboradores revisaron conexiones en redes sociales,
registros telefónicos y relaciones personales fuera de su círculo familiar.
Uno de los datos más inquietantes fue que en los

(22:17):
primeros días previos a su desaparición, Fénix había estado en
contacto directo con varias personas a través de su segundo teléfono,
incluyendo personas que vivían fuera del estado. La naturaleza de
esas conversaciones nunca fue revelada en detalle, pero no se
descartó la posibilidad de que Fenis estuviera considerando un cambio

(22:41):
de entorno o incluso salir de Missouri. También se exploró
la posibilidad de que Fenis hubiera sido víctima de trata
de personas, dada la región donde fue hallado el vehículo.
Una zona con alto riesgo documentado de explotación sexual, tráfico
de drogas y redes clandestinas. Sin embargo, ni los registros policiales,

(23:09):
locales ni las investigaciones federales lograron vincular su desaparición con
una red de este tipo. La familia seguía organizando conferencias
de prensa entrevistas con medios comunitarios y apariciones en programas
de radio. Su madre en particular se convirtió en una

(23:30):
figura visible de la lucha por los desaparecidos invisibles. Denunció
el trato desigual que recibió el caso de su hija
y cuestionó las prioridades de las agencias policiales, alegando que
si Fénix hubiera sido blanca, el abordaje inicial habría sido
completamente distinto. En el año 2017, seis años después de la desaparición,

(23:56):
el programa La desaparición de Fénix Goldo fue producida por
un canal especializado en crímenes reales. Esta serie documental, dividida
en dos partes, reabrió el caso desde un enfoque más
periodístico y psicológico. Los productores colaboraron con un nuevo equipo
de investigación privado y entrevistaron a testigos que hasta entonces

(24:19):
no habían hablado públicamente. Uno de los momentos más inquietantes
del programa fue cuando se examinó la posibilidad de que
Fénix hubiera cambiado de identidad o estuviera viviendo en algún
lugar bajo otro nombre. Se compararon bases de datos de
personas no identificadas vivas en refugios, hospitales y comunidades cerradas.

(24:46):
También se analizaron reportes de mujeres desaparecidas recuperadas en otras
jurisdicciones sin resultados positivos. El programa también sugirió, aunque sin
afirmarlo rotundamente, que Fénix pudo haber estado enfrentando una crisis
emocional interna, posiblemente vinculada a su búsqueda de independencia, conflictos

(25:09):
religiosos o presiones familiares. Se habló con expertos en salud
mental sobre el fenómeno de las desapariciones voluntarias. especialmente entre
mujeres jóvenes afroamericanas que sienten que sus vidas están atrapadas
entre expectativas y limitaciones sistemáticas. Y aunque el documental atrajo

(25:33):
una ola de atención pública, no aportó pruebas nuevas sustanciales,
pero sí cumplió un rol esencial, reinstalar el caso en
la conversación pública, seis años después de que el Estado
y los medios publicaran prácticamente lo hubieran abandonado. En ese

(25:54):
mismo año, el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados
actualizó el perfil de Fénix con una proyección de su
rostro envejecido para estimar cómo podría lucir a los 30 años.
Esta imagen fue distribuida por redes sociales, estaciones de policía

(26:15):
y organizaciones de ayuda. pero no generó nuevas pruebas. A
nivel institucional, el caso seguía en punto muerto. La policía
del condado de San Luis mantenía el expediente abierto, pero
con actividad intermitente. No había ninguna sospecha formal. No había

(26:35):
evidencias materiales. No existían testigos directos. Y lo peor, no
se podía confirmar si Fénix estaba viva o muerta. Era
una desaparición sin escena del crimen sin móvil y sin
secuencia narrativa identificable. A medida que pasaban los años y

(26:56):
los esfuerzos institucionales disminuían, comenzó a crecer otro tipo de relato,
el de las teorías. Algunas nacieron de observaciones legítimas, otras
del agotamiento de una familia que buscaba respuestas en todas
las partes. Y muchas más se construyeron a través de
la interpretación, Lo que tenían en común era que intentaban

(27:20):
llenar un vacío que el sistema no podía o no
quiso resolver. Una de las primeras teorías que tomó fuerza
fue la del secuestro, en particular una variante asociada a
la trata de personas. El hecho de que su vehículo
apareciera en San Luis, una zona con antecedentes de actividad criminal,

(27:45):
reforzaba esta hipótesis. La teoría del secuestro se apoyaba también
en otros indicios. El abandono repentino del coche, las pertenencias
dejadas atrás y la falta de comunicación posterior. Pero, sin embargo,
nunca hubo evidencia física que confirmara que Fénix fuera víctima

(28:06):
de una red de trata o de explotación. No apareció
ADN externo en el vehículo ni rastros de violencia. Los
perros que rastrearon no detectaron un rastro claro más allá
del lugar del abandono. Se trataba, por tanto, de una
hipótesis plausible pero no comprobada. Una segunda teoría apuntaba a

(28:30):
una posible desaparición voluntaria. Esta línea surgió a partir de
la revisión de su vida personal. Ya habíamos mencionado la
existencia de un segundo teléfono, no registrado a nombre de
la familia, a través del cual Fénix mantenía comunicaciones que
su entorno más cercano desconocía. Esto, sumado a los escritos

(28:53):
encontrados en su habitación, donde hablaba de sentirse atrapada, de
querer empezar de nuevo, de no ser quien los demás creían,
llevó a algunos a plantear la posibilidad de que Fénix
hubiera decidido alejarse.¿ Sería posible que hubiera planeado una salida
encubierta de su vida? Técnicamente sí, Fenis era una mujer inteligente, reservada,

(29:19):
acostumbrada a no compartir todo en su entorno. Tenía vehículo propio,
acceso a internet y, como se comprobó, contactos fuera del
círculo familiar. Si hubiera querido marcharse, podría haberlo hecho. Pero
aquí la teoría empezaba a flaquear. No había evidencia de preparación.
No había retiro de dinero. No llevó identificación, ni ropa,

(29:44):
ni objetos personales esenciales. No compró billetes de transporte ni
hizo reservas. Y lo más importante, no hubo comunicación alguna
desde ese día. Ningún rastro. Incluso para alguien que quiera
desaparecer por completo. Años más tarde, los investigadores privados y

(30:07):
periodistas plantearon otra variante. La posibilidad de un colapso emocional.
En este escenario, Fénix no huye ni es capturada, sino
que sufre un episodio de crisis, psicológica o incluso neurológica,
que la lleva a abandonar su vehículo y alejarse a pie.

(30:28):
Esta teoría intenta explicar la ausencia de violencia o huellas
en el lugar, pero también se enfrenta a una misma contradicción.
Si se trató de una desorientación momentánea,¿ cómo es posible
que nunca haya sido vista que no apareciera ni viva
ni muerta, ni en hospitales, ni en centros sociales, ni

(30:50):
como persona no identificada? Una línea menos explorada, pero que
surgió tras el documental del año 2017, fue la de la
vida doble. El programa sugiere, aunque sin afirmarlo directamente, que
Fénix podría haber llevado una existencia paralela, más libre, más

(31:11):
alejada de las normas religiosas, y familiares que regían en
su casa. Se habló de relaciones personales fuera del conocimiento
de sus padres, de cambios en su estilo de vida,
incluso de actividades que ella misma describía como prohibidas. Pero
esto tampoco se traduce automáticamente en el móvil de su desaparición.

(31:36):
Tener conflictos internos o secretos no implica querer desaparecer, ni
mucho menos que alguien decida hacerla desaparecer. En el ámbito
de la investigación FORESE, se han hecho múltiples comparaciones entre
registros dentales de FENIS y cuerpos no identificados hallados en
diferentes estados. A lo largo de los años, los datos

(32:01):
biométricos de FENIS, como huellas, muestras de ADN e historial médico,
han sido ingresados en bases de datos nacionales. Hasta la fecha,
Ninguno de estos cruces ha arrojado resultados coincidentes. El caso
de Fénix ha dado muchas hipótesis, pero ninguna ha podido

(32:23):
ser demostrada. No hay sospechosos, no hay escena del crimen,
no hay carta de despedida y no hay actividad posterior.
Pero más allá de la especulación hay algo que persiste.
el desgaste emocional de una familia que ha tenido que
sobrevivir al silencio. A vivir no solo sin respuestas, sino

(32:46):
también sin certezas. A convivir con el hecho de no
saber si deben de guardar luto o seguir buscando. Fénix
desapareció a los 23 años. Hoy tendría 36. Y mientras el tiempo avanza,
la pregunta sigue intacta. No solo qué le pasó sino

(33:08):
porque no hemos podido saberlo. Han pasado ya más de 13
años desde aquella tarde de diciembre. 13 años en los
que la vida siguió, pero nunca igual. Fénix tendría hoy 36 años.
Sus amigas desde entonces tienen familias, trabajos, vidas visibles. Ella,

(33:30):
en cambio, permanece detenida en una imagen fija, una fotografía
que envejece solo en la imaginación de quienes todavía la buscan.
El caso no está cerrado legalmente, sigue abierto, pero la
falta de nuevos datos, la fragmentación institucional y la erosión
del tiempo hacen que cada vez sea más difícil encontrar

(33:53):
una resolución. Más allá de este caso, lo que expone
la historia de Fénix Goldón son fallos estructurales, un sistema
que no responde igual a todas las desapariciones. Una sociedad
que decide a quién buscar con fuerza y a quién
deja en silencio. Y familias que, ante esta desigualdad, tienen

(34:19):
que convertirse en detectives, activistas y, sobre todo, en guardianes
de una memoria que no puede permitirse desaparecer. Hasta aquí
el episodio de hoy. Si te ha gustado, suscríbete y
comparte este espacio con quienes creen que estas historias merecen

(34:41):
ser contadas. Gracias por acompañarme y nos vemos en el
siguiente episodio de Dossier Criminal. Pero recuerda que mientras falta
una respuesta, la historia no ha terminado.
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