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October 23, 2025 26 mins
El 29 de enero de 2018, la familia de Rachael Anderson denunció su desaparición tras no acudir a celebrar su 25 cumpleaños. Un día después, la policía encontró su cuerpo sin vida en su propio apartamento en Columbus, Ohio. Había sido agredida, violada y asesinada con brutalidad. A lo largo de este episodio, reconstruimos el caso con detalle y sin sensacionalismos: desde la vida de Rachael y las primeras horas de la investigación, hasta la captura y condena de Anthony Pardon, un exconvicto reincidente que había sido liberado meses antes del crimen. A través de una narración sobria y cronológica, analizamos el fallo estructural de un sistema que no supo prever ni prevenir, y exploramos las implicaciones legales, sociales y humanas de un crimen que pudo haberse evitado. Una historia real. Una víctima real. Y una pregunta que aún sigue vigente: ¿Qué hacemos cuando el sistema no protege?
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Episode Transcript

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Speaker 2 (00:07):
El 28 de enero del año 2018, en la ciudad de Columbus,
en Ohio, se apagó para siempre una vida joven y
llena de promesas. Rachel Anderson cumplía 24 años aquel día, pero
nunca imaginó que esa fecha, que suele ser motivo de celebración,
se convirtiera en el último capítulo de su existencia. Su

(00:30):
muerte no solo dejó un vacío profundo en quienes la
conocían y amaban, sino que también abrió una dolorosa discusión
sobre el sistema judicial, la gestión de delincuentes sexuales y
las fragilidades sociales que permiten que tragedias como estas ocurran.
Este relato, que transcurre entre la intersección de la violencia

(00:53):
más cruel y la urgente necesidad de justicia, en un
contexto donde las políticas penitenciarias y de vigilancia parecen no
haber logrado proteger a la sociedad. Intentaremos comprender con respeto
y con humanidad lo que pasó, cómo pasó y qué

(01:13):
implicaciones tiene este caso en el marco legal y social.
Vamos a recorrer paso a paso los hechos que condujeron
al asesinato de Rachel Anderson, conoceremos el perfil y el
historial del agresor, escucharemos los testimonios y la evidencia que
llevaron a su condena. y reflexionaremos sobre las lecciones que

(01:38):
nos deja este trágico suceso. Bienvenidos a un nuevo episodio
de Dosier Criminal. Aquí cada caso es más que un crimen.
Es una historia marcada por el misterio, el silencio y
verdades que esperan ser contadas. Si te gusta este contenido,
suscríbete y deja tu like. Así me ayudas a seguir

(02:00):
dando voz a quienes ya no pueden hablar. Mi nombre
es May García y estáis escuchando Dosier Criminal. Para hablar
de Rachel Anderson no basta con mencionar su nombre ni
la tragedia que la marcó. Hay que detenerse a mirar
la vida que llevaba, los sueños que cultivaba y las

(02:23):
pequeñas cosas que le hacían quien era. Es imposible entender
lo que pasó sin reconocer la humanidad detrás de la historia.
Rachel nació en Columbus, en Ohio, en una familia que
valoraba la unión y el apoyo mutuo. Desde niña fue
una persona reflexiva, con un temperamento calmado pero firme. No

(02:47):
se trataba de alguien que buscaba llamar la atención, sino
más bien de quien encontraba en la tranquilidad su fortaleza.
Sus padres y hermanos la recuerdan como alguien paciente y sensible,
con una sonrisa fácil y una risa discreta, que llenaba
cualquier habitación con calidez. Durante su adolescencia, Rachel mostró inclinaciones

(03:12):
poco comunes para su edad. Su interés por la carrera
de ciencias mortuorias surgió no de manera accidental, sino como
una elección consciente y madura. Mientras muchos jóvenes buscaban carreras
más tradicionales, Ella se sintió atraída por la idea de
ayudar a las personas en los momentos más difíciles de

(03:34):
sus vidas. A través de esta vocación, expresaba su empatía
y un profundo sentido del respeto hacia la vida y
la muerte. Al graduarse, en el año 2016, Rachel comenzó a
trabajar en una funeraria. En su trabajo, su rol implicaba

(03:55):
un contacto cercano con familias atravesando pérdidas. lo que demandaba
una combinación de profesionalismo y calidad humana. Rachel cumplía con
estas exigencias con una naturalidad que sorprendía a sus colegas
y clientes. Más allá de su trabajo, Rachel mantenía una

(04:18):
vida sencilla pero plena. Vivía sola en un modesto apartamento.
un reflejo de su estilo de vida discreto y acogedor.
Amaba la música, en particular el folk, y disfrutaba leyendo
novelas históricas y biográficas. Sus momentos libres los dedicaba a
salir con amigos o a caminar, buscando un respiro en

(04:41):
la naturaleza que tanto la reconfortaba. Su familia era un
pilar fundamental en su vida. Mantenía una gran relación con
su hermano John, con quien compartía confidencias. Pero también estaba
muy unida a sus padres, quienes apoyaban todas sus decisiones.

(05:02):
Aunque no perdían de vista las dificultades a las que
se enfrentaba como una mujer joven viviendo sola en una
gran ciudad. Sin embargo, como muchas otras personas, Rachel también
tenía sus temores. La inseguridad era uno de ellos, en

(05:23):
especial al caminar sola por la noche o en ciertas
zonas de Columbus que eran conocidas por su peligrosidad. Como
tantos otros, confiaba en las instituciones, la policía, el sistema
judicial y las políticas de libertad condicional, que estaban diseñadas
para protegerla. La víspera de su cumpleaños, Rachel decidió pasar

(05:49):
la noche con su hermano y algunos amigos cercanos. Fue
una celebración modesta. Ella estaba contenta, ilusionada con los proyectos inmediatos,
un posible ascenso en su trabajo, ahorrar para comprar una
casa y continuar formándose en su profesión. Aquella noche, la

(06:09):
sensación era de esperanza y normalidad. Era una joven que
a pesar de las dificultades que pudiera enfrentar, buscaba vivir
su vida con autenticidad y con propósito. Pero en mitad
de esta vida cotidiana, lo que siguió fue un giro abrupto.
Un evento que no solo truncó su vida, sino que

(06:33):
sacudió a toda una comunidad. Y antes de adentrarnos en
los hechos que condujeron a su asesinato, es importante detenerse
en estos detalles. Porque Rachel no solo fue una víctima,
fue una persona plena, con una historia, con amores, miedos
y sueños. Y ese recuerdo es fundamental para entender la

(06:56):
magnitud de la pérdida. El 28 de enero del año 2018, Rachel
se despertó en su apartamento, una zona residencial con una
mezcla de familias de clase media y baja. donde la
vida cotidiana transcurría con tranquilidad. Rachel, con la rutina que

(07:18):
ya conocía, desayunó y se preparó para pasar un día normal,
sin imaginar que se acercaba un episodio que cambiaría para
siempre su vida y de quienes la querían. A lo
largo de la mañana mantuvo contacto con su hermano John,
con quien había compartido la noche anterior en una pequeña

(07:39):
reunión para celebrar su cumpleaños. Hablaron brevemente intercambiando mensajes de
cariño y planes para verse pronto. Para quienes la conocían,
este era un detalle cotidiano. Una joven que mantenía estrechos
lazos familiares y una vida social sana. Hacia el mediodía,

(08:03):
Rachel salió a realizar algunas compras. Fue vista por última
vez en una tienda local. donde atendió con amabilidad al
personal y a otros clientes. Su actitud era tranquila, como siempre,
y no mostró señales de alarma o incomodidad. Sin embargo,

(08:24):
ya por la tarde comenzaron a surgir indicios preocupantes. Sus
amigos intentaron contactarla, pero las llamadas y mensajes no recibían respuesta.
Esta ausencia inusual generó inquietud. No era en común en
Rache desaparecer sin dar aviso y mucho menos que se

(08:44):
desconectara de sus círculos más cercanos. La preocupación escaló rápidamente
y alrededor de las cinco y media de la tarde
un vecino avisó a la policía de haber encontrado un
cuerpo en un terreno cercano a la vivienda de Rache.
La zona, aunque no era considerada particularmente peligrosa, tenía áreas

(09:10):
menos transitadas y vegetación que permitía cierto aislamiento. Al llegar,
los agentes confirmaron el hallazgo. Era Rachel Anderson, fallecida a
causa de múltiples heridas. La escena revelaba signos de violencia extrema.

(09:30):
Heridas contundentes, indicios de forcejeo y evidencia clara de que
no había sido un accidente ni un hecho fortuito. La
noticia corrió rápido. La comunidad consternada se reunió para apoyar
a la familia y exigir justicia. Rachel, quien hasta ese
momento había sido vista como una joven responsable y con

(09:54):
una vida ordenada, se había convertido en víctima de un
crimen que estremecía a todos. La policía activó el protocolo
para investigar el homicidio. Expertos forenses comenzaron a trabajar en
la escena. Recolectaron pruebas con sumo cuidado, muestras biológicas, huellas

(10:16):
y posibles objetos relacionados con el agresor. Cada elemento era
clave para reconstruir la cadena de eventos. Paralelamente, el departamento
de detectives inició entrevistas con familiares, amigos, vecinos y cualquier
persona que pudiera aportar información relevante. Se establecieron líneas de tiempo,

(10:40):
se buscaron patrones y posibles motivos. Las primeras horas de
la investigación fueron cruciales. Se revisaron cámaras de seguridad en
el área, se analizaron registros telefónicos, se consultaron bases de
datos para identificar cualquier persona que pudiera estar vinculada. La

(11:03):
atmósfera era tensa. Por un lado, la familia de Rachel
atravesaba un duelo profundo y desgarrador. Por otro, los investigadores
sabían que la presión social y mediática era alta, pero
debían de actuar con cautela y respeto, sin apresurar conclusiones.
En este contexto, cada minuto contaba, para evitar la pérdida

(11:27):
de pruebas, preservar la escena y construir un relato sólido
que pudiera resistir el escrutinio judicial. Así que aquel domingo
no sólo se cerró el capítulo de una vida joven
y prometedora, sino que comenzó una larga y difícil búsqueda
de verdad y justicia, donde la precisión, la paciencia y

(11:49):
el respeto serían las herramientas indispensables para no dejar que
esta historia se diluyera en el olvido. Tras el hallazgo
del cuerpo, el 28 de enero del año 2018, el Departamento de
Policía de Columbus activó de inmediato un protocolo especializado para
casos de homicidio. Este protocolo implicaba una serie de pasos

(12:14):
meticulosos y coordinados para preservar la escena, recolectar evidencias y
comenzar a construir una narrativa basada en hechos verificables. Lo
primero que hicieron los agentes fue asegurar el perímetro del
terreno donde se encontró el cuerpo. El área fue acordonada

(12:35):
para evitar la contaminación de pruebas, limitando el acceso exclusivamente
a los peritos forenses, investigadores principales y personal autorizado. Se
estableció un centro de operaciones temporal a poca distancia, desde
donde se coordinaba toda la labor. Los técnicos forenses iniciaron

(12:57):
la documentación visual y escrita de la escena, fotografías desde
múltiples ángulos, vídeos y croquis detallados del terreno, la posición
del cuerpo y la ubicación de todos los objetos y
posibles indicios. El cuerpo de Rachel presentaba múltiples heridas, indicativas

(13:18):
de una agresión violenta y prolongada. La autopsia, realizada en
las siguientes 48 horas, confirmó que la causa de la muerte
fue una combinación de traumatismos severos y asfixia. También se
encontró evidencia de abuso sexual, lo que convirtió el caso
en un crimen especialmente grave y priorizado por las autoridades.

(13:44):
En el lugar se encontraron objetos personales de la víctima,
algunos en aparente desorden, y elementos que sugerían una lucha.
Cabellos arrancados, resto de tierra en la ropa y uñas.
Los expertos recogieron muestras biológicas, tanto de la víctima como
de los posibles agresores. Al mismo tiempo, el equipo de

(14:10):
detectives comenzó a interrogar a familiares y amigos cercanos. Se
estableció una línea de tiempo detallado desde la noche anterior.
intentando reconstruir cada movimiento de Rachel, sus contactos y posibles
conflictos sospechosos. Las primeras declaraciones no indicaron enemigos conocidos ni

(14:34):
amenazas directas. Familia y amigos coincidían en que Rachel no
tenía enemigos visibles y que su entorno era tranquilo. Sin embargo,
la policía sabía que esto no descartaba la posibilidad de
un agresor externo, un encuentro fortuito o incluso alguien conocido,

(14:54):
pero no identificado hasta el momento. Una de las piezas
clave de la investigación fue el análisis de las cámaras
de seguridad públicas y privadas en las inmediaciones del vecindario.
Los agentes revisaron estas imágenes desde varias horas antes del
crimen hasta después del hallazgo. Se buscaban movimientos sospechosos, vehículos

(15:19):
fuera del lugar o personas no identificadas. También se realizó
un análisis exhaustivo de los registros telefónicos y digitales de
la víctima. Se revisaron llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos
y redes sociales para detectar cualquier comunicación inusual o sospechosa.

(15:44):
Esta labor demandó la colaboración de expertos en informática forense.
Un dato importante fue el hallazgo de huellas dactilares y
rastros de ADN que no respondían a Rachel ni a
personas de su círculo cercano. Estos indicios empezaron a apuntar
hacia la presencia de un tercero en la escena del crimen,

(16:07):
alguien que podría ser el agresor. Los detectives también contactaron
a expertos en perfiles criminales para tratar de entender el
modus operandi del atacante. Analizaron patrones de comportamiento, motivaciones y
antecedentes que pudieran ayudar a anticipar movimientos y encontrar al responsable.

(16:32):
A medida que avanzaba la investigación, se realizó una revisión
de la base de datos policiales para identificar individuos con antecedentes,
compatibles con el tipo de violencia aplicada. Esto incluía a
personas con historial de agresiones sexuales, violencia doméstica y delitos

(16:52):
graves en la zona. Entre análisis científicos, interrogatorios, seguimientos de
pistas y consultas legales, la investigación avanzó con determinación. Pero
aún faltaba una pieza fundamental para que el caso comenzara
a cerrarse. La identificación del sospechoso y el inicio del

(17:14):
proceso judicial. A medida que avanzaba la investigación, los indicios
biológicos recogidos en la escena y las pistas recopiladas empezaron
a delinear una figura concreta. Un sospechoso con antecedentes penales,
vinculado a delitos de naturaleza similar. Sin embargo, por respeto

(17:38):
a la presunción de inocencia y al rigor del proceso,
la identidad no fue revelada públicamente hasta que se obtuvieron
pruebas sólidas. El análisis forense de ADN permitió comparar las
muestras halladas en el cuerpo y el lugar con bases
de datos estatales y nacionales. Y así fue como poco

(17:59):
después se identificó una coincidencia con un individuo conocido por
su historial de delitos sexuales y violencia. Esta identificación fue
un paso decisivo pero no definitivo. Se necesitaban más pruebas
para construir un caso sólido. El sospechoso tenía antecedentes que

(18:22):
incluían condenas por agresión sexual y violencia, algunas de ellas
cometidas décadas antes. Con múltiples ingresos y salidas del sistema penitenciario,
su perfil criminal y psicológico mostró patrones repetitivos de conducta agresiva,
con graves implicaciones para la seguridad pública. La policía, con

(18:48):
la información en mano, procedió a su detención. El arresto
se realizó con discreción, para evitar alertar a terceros y
preservar la integridad de la investigación. Desde ese momento, el
sospechoso quedó bajo custodia y a disposición de las autoridades judiciales.

(19:08):
El sospechoso negó inicialmente cualquier implicación, aunque los elementos en
su contra eran contundentes. La combinación del ADN, los testimonios
y las evidencias circunstanciales formaron un cuadro probatorio robusto. La
Fiscalía preparó la acusación formal, basada en cargos de asesinato

(19:29):
en primer grado, agresión sexual y otros delitos relacionados. La
presentación de cargos fue un paso formal que marcó el
inicio del proceso judicial. El acusado fue presentado ante el juez,
donde se revisaron las pruebas, se establecieron medidas cautelares y
se fijaron fechas para las etapas siguientes del juicio. La

(19:54):
gravedad del caso y el riesgo de fuga motivaron que
se impusiera prisión preventiva sin derecho a fianza. El caso
empezó a atraer atención mediática, pero las autoridades pidieron mantener
el respeto por la privacidad de la víctima y la
presunción de inocencia del imputado hasta la resolución judicial. El

(20:17):
juicio por el asesinato de Rachel comenzó oficialmente a principios
del año 20, poco más de dos años después de los hechos.
El acusado, Anthony Pardo, de 55 años, Comparecía ante el Tribunal
del Condado por múltiples cargos, asesinato con agravantes, violación, secuestro,

(20:39):
robo agravado y allanamiento de morada. Anthony Pardon no era
un desconocido para el sistema penal. Su historial incluía una
condena por intento de asesinato, violación y secuestro en el año 1982,
por la que había cumplido casi 25 años de prisión. después

(21:01):
de su liberación, volvió a ser encarcelado por falsificación y
por no cumplir con el registro obligatorio de delincuentes sexuales.
Fue liberado en junio del año 2017, siete meses antes del
asesinato de Rachel. La Fiscalía presentó un caso sólido, estructurado

(21:23):
sobre sus tres pilares principales. Pruebas forenses rastros digitales y
electrónicos y motivo y oportunidad. Las pruebas forenses fueron determinantes.
El ADN de Anthony Pardon fue encontrado en el cuerpo
de Rachel y en múltiples puntos de la escena del crimen.

(21:44):
La autopsia confirmó que Rachel había sido violada y luego
estrangulada con un cable eléctrico, además de haber sufrido otras
formas de violencia física. El caso generó una fuerte respuesta
social en Ohio. Por un lado, por lo brutal del crimen.

(22:05):
Por otro, porque el asesino Anthony Pardon había salido de
prisión hacía apenas siete meses antes del asesinato. Y no
había salido como un hombre reformado. No había pasado por
un programa real de reintegración. No había sido vigilado adecuadamente.
Simplemente se le había concedido la libertad y la sociedad

(22:26):
cargó con las consecuencias. En el caso de Anthony Pardon,
los fallos eran claros. Cuando salió de prisión en junio
del año 2017, no tenía un lugar estable donde vivir. Se
quedaba en un albergue para personas sin hogar. No tenía empleo.
Tampoco tenía acceso regular a tratamiento psicológico. Estaba bajo supervisión estatal.

(22:51):
Pese a ser un delincuente sexual registrado, sus movimientos no
fueron controlados con la precisión que el riesgo requería. Además,
había falsificado documentos, violado normas de libertad condicional y mentido
sobre su paradero. Y sin embargo, nada de eso generó

(23:12):
consecuencias significativas, hasta que cometió un crimen atroz, que entonces
ya era tarde. Pero en medio de todo este debate
estaba el dolor, el dolor de una familia que había
perdido a su hija, a una hermana, a una amiga,
una joven con 24 años que había sobrevivido a obstáculos personales,

(23:33):
que había empezado a estudiar, que trabajaba y que tenía
una vida por delante. Y que fue asesinada de forma
brutal por alguien que, según el sistema, ya había pagado
su deuda con la sociedad. La historia de Rachel no
se convirtió en una causa pública, con pancartas ni campañas masivas.

(23:56):
No fue politizada en exceso, pero sí dejó una marca
clara en su comunidad, en su barrio, personas que la
conocieron empezaron a hablar más abiertamente del miedo, de la
necesidad de cuidarse los unos a los otros y de
exigir más responsabilidad a las instituciones. Su historia también nos

(24:16):
obliga a hablar de un sistema que no estuvo a
la altura, que liberó a Anthony Pardon sin haberlo transformado,
sin haberlo preparado para reinsertarse, sin haber previsto los riesgos.
y que no supo reaccionar cuando las señales comenzaron a aparecer.
No se trata solo de señalar culpables institucionales, sino de

(24:39):
entender que la justicia, cuando se limita a la condena,
llega siempre tarde. La verdadera justicia empieza antes, en la prevención,
en la educación, en el acompañamiento social, en el seguimiento
de quienes están en riesgo de reincidir. Este caso terminó
con una sentencia clara, sí. Anthony Pardon pasará el resto

(25:01):
de su vida en prisión. Y eso, en términos legales,
cierra el expediente. Pero fuera de ese expediente queda una
familia rota, una comunidad sacudida y una serie de preguntas
que siguen abiertas. Y quizá lo único que podemos hacer,
quienes contamos estas historias, es tratar de que no caigan

(25:23):
en el olvido. Que no se conviertan en simple notas
de archivo, que sirvan, si no para cambiar el mundo,
al menos para sostener la memoria de quienes ya no están.
Y para que el nombre de Rachel Anderson no se
confunda nunca con el de su asesino. Y porque lo
importante no es el nombre de quien la mató, sino

(25:45):
lo importante es no olvidar quién fue ella. Hasta aquí
el episodio de hoy. Si te ha gustado, suscríbete y
comparte este espacio con quienes creen que estas historias merecen
ser contadas. Gracias por acompañarme y nos vemos en el
siguiente episodio de Dosier Criminal. Pero recuerda que mientras falte

(26:09):
una respuesta, la historia no ha terminado.
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